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LA BUENA NOTICIA DE LA MISERICORDIA:

Del Evangelio de Jesús, según Lucas.

 Un ángel aparece en sueños a María y a José: Poned un nombre al niño  (Lc 1, 26-36; Mt 1, 20-21)

María, que vivía en Nazaret, era novia de José y se iban a casar ya pronto. Una tarde estaba María descansando a la sombra de la higuera cuando se le apareció como en sueños el ángel Gabriel, que la saludó diciendo: Alégrate, muchacha, que Dios te quiere mucho. El Señor está siempre contigo, ya verás el regalo que te tiene preparado. María se quedó sin saber qué decir. El ángel le dijo: Cuando notes que estás embarazada y que llevas dentro de tí una criatura, ese será el regalo de Dios. María se sonrojó: “Pero…todavía es muy pronto para eso…” “No te preocupes, María, que el Espíritu del Señor sabe cómo hacer las cosas. Ahora el encargo que me ha dado para tí es que cuando nazca el niño le tienes que poner por nombre Jesús, que significa Salvador, porque este niño va a vivir para la salvación de todo el mundo” “Por cierto, tu prima Isabel, la esposa del sacerdote Zacarías, está esperando un bebé para dentro de tres meses. Ella y su marido llevaban tantos años deeando tener un hijo y rezando por ello, por fin les ha llegado ese regalo. Para que veas que para Dios no hay nada imposible.

 Alégrate, María, favorecida por el SeñorLc  1, 26-31

Envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a casa de María, una muchacha desposada con José, de la estirpe de David. Apareciendo ante ella, el ángel la saludó diciendo: Alégrate, agraciada por la presencia del Señor contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, preguntándose qué saludo era aquél. El ángel le dijo: Tranquila, María. El Señor te ha concedido su favor. Vas a concebir en tu seno y dar a luz un hijo, y le pondrás de nombre Jesús.

Visita de María a su prima Isabel (Lc 1, 39-56).

Al enterarse de que su prima Isabel estaba esperando un bebé, María viajó hasta el pueblo de Judea donde vivían sus primos. Justo por aquellos días, entre apresurada y perpleja, María se animó a ponerse en camino hacia la sierra. Llegó al pueblo de Judá donde vivían Zacarías e Isabel, entró en la casa y saludó a su prima.

“Enhorabuena, Isabel”, dijo María.Al oír Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre e Isabel se llenó de Espíritu Santo. Y le dio la bienvenida con gritos de gozo:

“Felicidades a tí también María, que si yo estoy en el sexto mes, ya se que tú estás en el tercero. Mira lo que que ha pasado cuando entrabas por esa puerta: el bebé que llevo dentro ha dado saltos como si se alegrase de que tú llevas a su primo dentro de tí”.

-¡Dichosa tú, cariño, bendita entre las mujeres, y bendita la criatura que llevas dentro! ¿Pero quién soy yo para que venga a mi alumbramiento la que va a alumbrar a quien es lo más grande que nos puede pasar, nada menos que la “madre de mi Señor”? ¡Dichosa, hija mía, bendita tú que siempre te fías de la palabra y promesas que vienen de arriba! A lo que María, abrazándola, respondió: -Así es prima mía, así es, que tengo una alegría que se me sale el corazón del cuerpo, cantemos con toda el alma las maravillas del Señor. Con lo poca cosa que somos, y mira cuánto nos quiere…

A María le entraron ganas de cantar rezando uno de sus cantos de oración favoritos, y cantó así muy contenta: “Mi corazón salta de alegría, porque el Señor ha estado grande con nosotras. Alabaré con toda mi alma al Señor. Su misericordia por los siglos de los siglos”.

 Nacimiento de Juan, el primo de Jesús (Lc 1, 5-25 y 57-79).

El sacerdote Zacarías y su mujer Isabel estaban tristes porque se iban haciendo mayores y todavía no les nacía un hijo. Un día estaba de turno en el templo Zacarías y cuando estaba ofreciendo incienso en el santuario se le apareció un ángel que le dijo: Vais a tener un hijo y le pondrás por nombre Juan. Será un predicador que anuncie la llegada a este mundo del Enviado de Dios. Zacarías no podía creer lo que oía. “Eso no es posible, mi mujer y yo somos ya muy mayores”. El ángel le dijo: Ya lo verás, lo oirás y lo tocarás, cuando dentro de nueve meses nazca el niño.  Pero ahora, por no haber te fiado de la palabra del cielo, te vas a quedar mudo hasta ese día.

Nueve meses después, cuando nació la criatura, estaban los parientes con la madre hablando sobre el nombre que le iban a poner. Isabel dijo: Se tiene que llamar Juan. Los parientes se extrañaron. ¿Por qué no llamarle Zacarías, como su padre? Entonces le preguntaron al padre. Zacarías, que aún seguía mudo, cogió una tablilla de escribir y contestó; Se llamará Juan Y en ese momento se le quitó la mudez y empezó a hablar, luego invitó a todos a rezar a coro con él el canto que dice: “Bendito sea Dios, que salva y libera. Al niño le llamarán profeta y preparará los caminos del Señor, anunciando la salvación, predicando la liberación”.

Navidad (Lc 2, 1-20)

Nace el niño Jesús en Belén, en un establo de las afueras, unos pastores felicitan a sus padres y les regalan queso mientras se oye cantar a los ángeles: Gloria a Dios y paz en la tierra, porque a todas las personas las quiere mucho Dios.

Unos pastores pasaban la noche al raso velando el rebaño. La gloria del Señor los envolvió de claridad y se asustaron. El ángel dijo: No temáis, os traigo buena noticia, gran alegría para todo el pueblo. Ha nacido el que os libera, lo encontraréis envuelto en pañales y acostado en un pesebre, por ser alimento, pan de vida para todo el pueblo.  Encontraron al bebé recostado en el pesebre, lugar cálido y nutritivo. ¡Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a todos los hombres y mujeres, porque a todos los ama el Señor!

 María y José presentan al niño en el templo. (Lc 2,  27-35).

María y José llevan al niño al templo para presentarlo ante Dios. El piadoso anciano Simeón bendice al niño y reza por la familia y por la salvación que este niño va a traer al mundo. Pero también le anuncia a María que lo va a pasar mal, cuando llegue el día en que condenen a muerte a este inocente que pasa por el mundo haciendo bien, curando a los enfermos y ayudando a los pobres. “A ti Maria se te partirá de dolor el corazón, pero este hijo tuyo dará la vida por la salvación del mundo” Y emocionado Simeón se volvió de cara al altar y rezó cantando “Ahora ya puedo morirme tranquilo, dando gracias, porque mis ojos han visto al salvador, luz para todo el mundo y liberación para su pueblo”.

Jesús se sale de la caravana, ya no le llevan de la mano. Jesús va creciendo (Lc 2, 39-52) Jesús se pierde a la vuelta

Jesús se va haciendo mayor, crece en Nazaret, viaja con sus padres a la capital y, a la vuelta, se separa de la caravana y camina por su cuenta, se queda en el templo a hablar de las cosas de Dios. Sus padres iban en peregrinación cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús había cumplido doce años subieron ellos a la fiesta según la costumbre, y cuando los días terminaron, mientras ellos se volvían, el joven Jesús se quedó en Jerusalén sin que se enteraran sus padres. Creyendo que iba en la caravana, después de una jornada de camino se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca. A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían estaban desconcertados de sus inteligentes respuestas. Al verlo, quedaron impresionados, y le dijo su madre:  -Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? ¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo! Él les contestó: -¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo tengo que estar en lo que es de Abba? Pero ellos no comprendieron lo que les había dicho. Jesús bajó con ellos, y siguió viviendo en casa en Nazaret, sumiso a sus padres. Jesús iba adelantando en saber, en madurez y verse agraciado ante Dios y ante la gente.

 Bautismo de Jesús (Lc 3, 1.22)

Juan predica junto al río Jordán y Jesús le escucha, metido como uno más entre la gente, se pone en cola para que le bautice su primo, al salir del agua Jesús levanta la vista al cielo, pasa una bandada de palomas, señal del espíritu de Dios, y se oye una voz de Dios Padre que le dice a Jesús: Tu eres mi Hijo, y le encarga la misión de dedicarse a salvar, a curar a las personas y hablarles del amor de Dios y darles esperanza.

Jesús reza y ayuna en el desierto (Lc 4, 1-13; Lc 5, 19-11.)

Jesús pasó cuarenta días a solas con Dios en el desierto, rezando y preparándose para su misión. Cansado y con fiebre por el ayuno tiene un sueño, en que se le aparece un espíritu maligno y le tienta para que haga milagros prodigiosos para hacerse así famoso y ganar mucho. Pero Jesús no cae en la tentación de hacer milagros para su propio provecho  y rechaza al espíritu maligno con palabras de la Biblia, diciendo: No solo de pan se vive, sino de la palabra de Dios.

Jesús, lleno de Espíritu Santo, regresó del Jordán, y el Espíritu lo fue llevando por el desierto durante cuarenta días, mientras el diablo lo tentaba. Todo aquel tiempo estuvo sin comer y al final sintió hambre. El diablo le dijo: -Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en un pan. Jesús le contestó: -Está escrito que “no solo de pan se vive” … Acabadas todas sus tentaciones, el diablo se alejó de él por un tiempo.

Más tarde, el diablo volvió de nuevo a la carga, en la noche de la última cena y en Getsemaní… Entró Satanás en Judas, el llamado Iscariote, que pertenecía al grupo de los Doce… Jesús dijo a Simón: – ¡Simón, Simón! Mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo, pero yo he rogado por tí para que no llegue a faltarte la fe. Y tú, cuando te recuperes, afianza a tus hermanos… Al salir de la cena se dirigió, como de costumbre, al Monte de los Olivos, y lo siguieron también los discípulos. Llegado a aquel lugar les dijo: -Pedid no ceder a la tentación. Entonces se alejó de ellos a distancia como de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: -Abba, si quieres aparta de mí este trago; sin embargo, que no se realice mi designio sino el tuyo. Levantándose de la oración fue adonde estaban los discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo: – ¡Conque durmiendo! Levantaos y pedid no ceder a la tentación…

 Jesús rezando y ayunando en el desierto. Lc 4, 1-13; 22, 3 y 31; 22, 39-46

Jesús, lleno de Espíritu Santo, regresó del Jordán, y el Espíritu lo fue llevando por el desierto durante cuarenta días, mientras el diablo lo tentaba. Todo aquel tiempo estuvo sin comer y al final sintió hambre. El diablo le dijo: -Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en un pan. Jesús le contestó: -Está escrito que “no solo de pan se vive” … Acabadas todas sus tentaciones, el diablo se alejó de él por un tiempo.

Más tarde, el diablo volvió de nuevo a la carga, en la noche de la última cena y en Getsemaní… Entró Satanás en Judas, el llamado Iscariote, que pertenecía al grupo de los Doce… Jesús dijo a Simón: – ¡Simón, Simón! Mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo, pero yo he rogado por tí para que no llegue a faltarte la fe. Y tú, cuando te recuperes, afianza a tus hermanos… Al salir de la cena se dirigió, como de costumbre, al Monte de los Olivos, y lo siguieron también los discípulos. Llegado a aquel lugar les dijo: -Pedid no ceder a la tentación. Entonces se alejó de ellos a distancia como de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: -Abba, si quieres aparta de mí este trago; sin embargo, que no se realice mi designio sino el tuyo. Levantándose de la oración fue adonde estaban los discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo: – ¡Conque durmiendo! Levantaos y pedid no ceder a la tentación…

En su tierra chica no le aceptan (Lc 1-13; 22, 3 y 31; 22, 39-46)

Llegó a Nazaret donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, según su costumbre, y se levantó para tener la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor descansa sobre mí…Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él, y empezó a hablarles: -Hoy ha quedado cumplido ante vosotros este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado. Todos se declararon en contra, extrañados del discurso sobre la gracia que salía de sus labios, y decían: -Pero, ¿no es éste el hijo de José nuestro vecino? Todo el mundo presente en la sinagoga se declaraba en su contra, les extrañaba su discurso sobre la gracia, que omitía la cita de Isaías sobre la ira divina. No le reconocían autoridad para interpretar la Escritura. Decían: – ¿Pero, ¿no es este el hijo del carpintero? Jesús les repuso: -A ningún profeta lo aceptan en su tierra… Toda la gente en la sinagoga su puso furiosa y, levantándose, lo empujaron hacia las afueras y lo condujeron hasta un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, para despeñarlo. Pero él se abrió paso entre ellos y emprendió e

Lc 4,14-30

Con la rapidez de dejarse llevar en volandas por la fuerza del Espíritu (en griego, “en te dynámei”), Jesús dio media vuelta y regresó (“hypéstrepsen”) a su patria chica. La voz se corrió inmediatamente por todos los móviles de Galilea. El hijo de María y José hablaba en las redes sociales de la zona y todo el mundo se hacía lenguas de él.

Llegó a Nazaret, donde se había criado y donde seguían viviendo su madre viuda, amenazada de desahucio por impago de hipoteca, con sus hermanos y hermanas menores, que estaban en el paro por culpa de los recortes del gobierno herodiano, con la excusa de la crisis financiera. El sábado entró en la sinagoga, según costumbre, y se ofreció para leer. Le entregaron el tomo de Isaías. Lo desenrolló, fingiendo pararse al azar en un pasaje, que coincide justamente con el programa reformador del Galileo.

Dice así el profeta:

El Espíritu del Señor no cesa de empujarme para que camine y hable.

Me envía a dar una buena noticia a las víctimas empobrecidas,

a proclamar liberación para el pueblo aprisionado,

a abrir puertas de claridad a quienes no ven la salida de las tinieblas,

a deshacer las ataduras del pueblo encadenado, a proclamar que ha llegado la hora favorable de recibir la gracia (Is 61,1-2).

Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él, y empezó a comentar reinterpretando para hoy: ‘Hoy se ha cumplido lo proclamado por el profeta, ha de hacerse realidad aquí y ahora para vosotros.

Todo el mundo se extrañó y se pusieron en contra, no les cabía en la cabeza esta manera de leer las Escrituras, citando el discurso sobre la gracia y saltándose las palabras sobre la ira. ‘¿No es el hijo de José? Pues no le ha salido a su padre. ¡Qué vergüenza! Se pasó al socialismo. ‘

Él les repuso: A ningún profeta lo aceptan en su tierra…

Todo el mundo se puso furioso y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo y lo condujeron hasta un barranco, para despeñarlo.

Pero él se abrió paso a codazos, pasó entre el gentío y con ayuda amiga pudo escapar a la grupa de una yegua”.  (Cf. Lc 4, 14-30).

División de opiniones, a favor y en contra de Jesús (Lc 4, 16-22)

 División de opiniones cuando Jesús predica en su tierra. Los especialistas de la religión no le perdonan a Jesús que cite las palabras del profeta sobre la gracia y misericordia de Dios, en vez de citar otra palabra sobre la ira de Dios.

Jesús consuela a una viuda en el entierro de su hijo. (Lc 7, 11-17)

Cuando se acercaba a las puertas de la ciudad resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; una considerable multitud de la ciudad la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió entrañablemente y, mientras la consolaba, tocó el ataúd, sin miedo a contaminarse. Luego, dirigiéndose al cadáver, dijo: -Joven, a tí te hablo, despierta y ponte en pie, es decir, sigue resucitando y prosigue el camino al encuentro de Abba. Todos callaban sobrecogidos de espanto. La madre se emocionó: -Señor, me has devuelto a mi hijo…

 Pesca maravillosa (Lc 5, 1-11).

 Una vez que la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oir el mensaje de Dios, estando él a orillas del lago de Genesarte, vio dos barcas junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la retirarra un poco de tierra. Desde la barca, sentado, estuvo enseñando a la gente. Cuando acabó de hablar dijo a Simón: -Saca la barca lago adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: -Maestro, hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero ya que tú lo dices, echaré las redes.  Así lo hicieron y cogieron tal cantidad de peces que revemntaba la red. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran a echarles una mano, se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto Simón se echó a los pies de Jesús diciendo: Perdóname,Señor, por no haberme fiado de tí. Jesús entonces le dijo.Tranquilo, desde ahora te vas a dedicar a ser pescador de personas, o sea, de pescarlas para darles vida con la palabra de Dios.

Limpia a un leproso (Lc 5, 12-16).

Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un enfermo que tenía un mal de la piel, con muchas llagas. Se echó rostro en tierra delante de Jesús y le pidió: Señor, si quieres puedes limpiarme. Los que estaban con Jesús se soprprendieron,porque a estos enfermos les estaba prohibido acercarse a la gente. Pero Jesús no discriminaba a nadie, le tomó de la mano para que se levantara y tocándole le dijo: Claro que quiero que quedes limpio. Y en seguida se le quitó la lepra. Luego jesús añadió: Ve al templo a hacer una ofrenda y que reconozcan que estás curado.

¿Con qué ojos miráis a esta mujer? Lucas 7, 36-50 Un fariseo lo invitó a comer. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa. En esto, una mujer, de mala fama pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra, se colocó detrás a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra. Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Contestó: Dilo, maestro. Le dijo: Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta. Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos le tendrá más afecto? Contestó Simón: Supongo que aquél a quien más le perdonó. Le replicó: Has juzgado correctamente. Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello. Tú no me diste el deso de saludo; desde que entré, ella no ha cesado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con perfume; ella me ha ungido los pies con mirra. Por eso te digo que, sin duda, se le ha perdonado mucho, por lo que se deduce del mucho afecto que muestra. Que al que se le perdona menos, menos afecto siente. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. Los convidados empezaron a decirse entre sí: ¿Quién es este que hasta perdona pecados? Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado: Vete en paz

Jesús reprende el fanatismo de Santiago y Juan (Lc 9, 52-56 )

Iba Jesús, acompañado de sus discípulos, camino de Jerusalén, pasando por territorio de Samaria.  Envió mensajeros por delante; yendo de camino, entraro en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento, pero se negaron a recibirlo porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, que eran muy fogosos, le propusieron a Jesús: Señor, si quieres, podríamos rezar a Dios pidiendo que caiga del cielo un rayo y acabe con esta gente. Pero Jesús se indignó contra Santiago y Juan y les regañó diciendo: “No sabéis de qué espíritu sois. ¿Todavía no habéis comprendido que yo no vine a este mundo para perder a las personas, sino para salvarlas? –Entonces ellos dijeron, ¿qué hacemos, dónde paramos esta noche? . Sigamos caminando y entraremos en otra aldea más adelante, dijo Jesús. Y prosiguieron su camino;ellos, un poco cariacontecidos, pero Jesús sin  inmuitarseesús reprende a Santiago y Juan, que querían castigar con fuego del cielo a la aldea que no quiso recibir a Jesús.

 Rehabilitación en sábado (Lc 13, 10-17)

(Jesus como quien sabe curar y ayudar a hacer  rehabilitación, consigue convencer a la mujer encorvada de que puede enderezarse por sí misma. Le da seguridad en sí misma y confianza en que su cuerpo tienen dentro la fuerza para curarse).

Estaba Jesús enseñando un sábado  en una de las sinagogas. Había allí una mujer que llevaba  dieciocho . años enferma , le decían que era por casa de un mal espíritu, el caso es que andaba enconrvada, sin poderse enderezar del todo. Al verla, Jesús, Jesús la llamó, y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Y le aplicó las manos. En el acto ella se puso derecha y empezó a dar gracias a Dios. Intervino entonces el jefe de la sinagoga,indignado porque Jesús había curado en sábado, y le dijo a la gente: Hay seis días de trabajo: venid esos días a que os curen. No tenéis por qué venir precisamente hoy, que es un sábado de descanso religioso. Pero Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ¡Hipócritas! Cualquiera de vosotros ¿no desata No tenéis por qué venir precisamente hoy, que esdel pesebre al buey o al burro, aunque sea día de descanso de sábado, y lo lleva a a abrevar? Y a esta mujer, que tiene fe como buena descendiente de Abrahán que es, y que estaba encorvada  por la enfermedad que la tenía atada desde hace dieciocho años, no había que soltarla de su cadena, sin preocuparse de si está permitido o no curar en sábado?

 Jesús enseña a rezar (Lc 11, 1-13)

Estaba Jesús enseñándoles a rezar a los discípulos y les dijo: Supongamos que uno tiene un amigo que acude a él a media noche y le pide: Amigo, préstame tres panes que ha llegado un amigo de viaje y no tengo qué ofrecerle. El otro desde dentro le responde: No me vengas con molestias; estamos acostados yo y mis hijos; no puedo levantarme a dártelo. Os digo que, si no se levanta a dárselo por amistad se levantará por su importunidad y le dará cuanto necesita. Y yo os digo: Pedird y se os dará, buscad y encontraréis, llmad y os abrirán, pes quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre”. Al escuchar esta explicación, los discípulos dijeron: Entnces Dios nos dará todo lo que pidamos. Jesús añadió: Pero tenés que aprender a pedir lo mejor, pedid que os de espíritu santo, que os aumente la fe. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O si pide pescado, ¿le dará en vez de pescado una culebra? O si pide un huevo, ¿le dará un escorpión? Pues si vosotros, con lo malos que sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡Cuánto más viuestro Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan!

 Lc, 9, 28-36 La Transfiguración

Jesús sube a lo alto del monte Tabor, acompañado por Pedro, Santiago y Juan y pasa la noche en oración. A los discípulos les impresiona ver a Jesús rezando, su aspecto se transfigura con un rostro radiante. Al principio, ellos también le acompañan rezando, pero poco a poco se quedan dormidos. En el sueño ven la figura de Jesús transfigurado y la aparición de Moisés y Elías junto a él. Se mezcla en su sueño el recuerdo de lo que había hablado Jesús con ellos por el camino cuando les anunció la pasión que le esperaba en Jerusalén. Se escucha una voz del cielo, que dice: “Escuchad a Jesús, que es mi Hijo querido.” Pedro extasiado, dice: ¡Qué bien se está aquí!, vamos a instalarnos en esta cumbre, en vez de ir a Jerusalén. Pedro se acordaba de que Jesús les había dicho por el camino que cuando llegasen a Jerusalén lo que le esperaba eran sufrimientos, pasión y muerte. Eso a Pedro no le apetece. Por eso quiere que se instalen en lo alto del monte. Pero Jesús le despierta de su éxtasis: “No, Pedro, hay que bajar y seguir caminando. La oración no es para evadirse fuera del mundo de cada día donde están los problemas, sino para volver a él y cumplir nuestra misión.” Confirmado en su misión y animado por la voz de Dios Padre, prosigue Jesús la marcha hacia la capital que lo crucificará.

Jesús reprende el fanatismo de Santiago y Juan (Lc 9, 52-56 )

Iba Jesús, acompañado de sus discípulos, camino de Jerusalén, pasando por territorio de Samaria.  Envió mensajeros por delante; yendo de camino, entraro en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento, pero se negaron a recibirlo porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, que eran muy fogosos, le propusieron a Jesús: Señor, si quieres, podríamos rezar a Dios pidiendo que caiga del cielo un rayo y acabe con esta gente. Pero Jesús se indignó contra Santiago y Juan y les regañó diciendo: “No sabéis de qué espíritu sois. ¿Todavía no habéis comprendido que yo no vine a este mundo para perder a las personas, sino para salvarlas? –Entonces ellos dijeron, ¿qué hacemos, dónde paramos esta noche? . Sigamos caminando y entraremos en otra aldea más adelante, dijo Jesús. Y prosiguieron su camino;ellos, un poco cariacontecidos, pero Jesús sin  inmuitarseesús reprende a Santiago y Juan, que querían castigar con fuego del cielo a la aldea que no quiso recibir a Jesús.

 El buen samaritano, que se hizo prójimo para el necesitado de ayuda (Lc 10, 25-37)

En esto se levantó un jurista y le preguntó a Jesús para ponerle a prueba:

-Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida eterna?

El le dijo:

-¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que tú sueles recitar?

El jurista contestó:

-“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a tí mismo”.

Jesús le dijo:

-Bien contestado. Haz eso y tendrás vida.

Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:

-Y ¿quién es mi prójimo?

Jesús entonces le contestó contándole una historia así:

-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto. Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, hizo como que no lo veía, dió un rodeo y pasó de largo. Lo mismo hizo un clérigo que también pasaba por alí de vuelta del templo; dio un rodeo y pasó de largo.

Poco después pasó por allí un samaritano, que iba de viaje. Ya se sabe que entre samaritanos y judíos hay mucha enemistad y los samaritanos se sienten discriminados por los judíos. Cuando el samaritano se dió cuenta de que el judío estaba herido y necesitado de ayuda, le dio lástima, se acercó a él y le vendó las heridas, echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó cuarenta duros y, dándoselos al posadero, le dijo:  Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta.Caundo terminó Jesús de contar esta historia le dijo al jurista:

-¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos?

El letrado contestó:

-El que tuvo compasión de él.

Jesús le dijo:

-Pues anda, haz tú lo mismo.

¡Viva la madre que te engendró! Lc, 27-28

 Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud alzó la voz y le dijo:

-¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!

Pero él repuso:

-Mejor: ¡dichosos los que escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen!

Estaba escrito en el profeta: le pondrán por nombre Emmanuel (que significa “Dios con nosotros”)… María dio a luz un hijo, y José le puso por nombre Jesús

 Lc 14, 7-11 Los primeros puestos, los últimos serán los primeros

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Lc 15 El hijo pródigo

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Lc 18, 9-14 El fariseo y el publicano.Una vez estaba Jesús hablando con unos fariseos que presumían de ser muy religiosos y de ser personas muy justas. Ellos estaban seguros de cumplir todos los mandamientos de la ley y despreciaban a las personas que les parecían que no eran justas. Entonces Jesús les contó una parábola para hacerles pensar. Dijo así: Dos hombres subieron al templo para rezar. Uno de ellos era un fariseo, que tenía fama de ser persona muy religiosa. El otroer un cobrador de impuestos, que tewnía fama de aprovecharse de su puesto para cobrar más dinero de lo debido. El fariseo se pueso en la primera fila y de pie y en voz alta rezaba diciendo: Señor Dios te doy gracias porque soy mejor persona que otros, yo no robo, ni mato,,maltratio a andie, soy fiel a mi esposa, y no soy como ese cobrador de impuesto que ha entrado antes a rezar aquí. Yo ayuno dos veces por semana y doy una décima parte de mis  ganancias como limosna para el templo. Entretanto, el cobrador de impuestos, que se había quedado en la última fila y no se atrevía a rezar nada mas que en voz baja, se daba golpes de pecho para pedir peerdón y rezaba así: Señor yo soy pecador, ten compasión de mí, perdóname y ayúdame a cambiar  y ser justo. Jesús después de contar esta parábola dijo: Os aseguro que  el cobrador de impuesto  volvió a casa perdonado. En cambio, el fariseo salió del templo  como había entrado, creyéndose justo pero sin serlo.

Lc 19, 1’10 Zaqueo se arrepiente de haber defraudado.Pasaba Jesús por la ciudad de Jericó.. Allí vivía Zaqueo que era el jefe de los cobradores de impuestos. Zaqueo era muy rico. Zaqueo se asomó a la calle principal ara ver pasar a Jesús, pero había mucha gente y como él era muy bajito no  veía bien. Se subió a una higuera para verlo desde allí. Jesuús al pasar se dio cuenta, se paró y le dijo Zaqueo  quiero hospedarme en tu casa. Zaqueo bajó inmediatamente del árbol, muy contento por hospedar a Jesús. Pero la gente que lo oyó se puso a criticar a Jesús porque Zaqueo tenía fama de ser un pecador y corrupto, que se aproverchaba de su cargo para cobrar más de lo debido. Al final de la comida Zaqueo le dijo a Jesús: Maestro, a partir de ahora quiero cambiar de vida. Voy a dar  a los pobres la mitad de mis bienes. Y a las personaas a las que les robé dinero les voy a devolver cuatro veces más. Entoncers Jesús le dijo Hoy has entendido muy bien que Dios quiere salvar a todo el mundo. Para eso vine yo a este mundo para que quien tenga pecado se arrepienta y quien esté perdido se salve.

Lc 19, 20-40 Entrada en Jerusalén montado en un borrico, aclamado por los chiquillos, en vez de a caballo con escolatar militar

 Lc 20, 20’26  Al César lo que es del César

 Lc 20, 27-40  Siete maridos y la viuda

 Lc 22, 1-6 Planean matar a jesús y Judas le traiciona

 Lc 22, 40-46 Oración en el huerto, en víspera de Pasión

 Lc 23, 34  Crucificado, perdona a los que lo matan

 Lc 23, 43 Entre dos ladrones. “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 Jesús dio un grito fuerte antes de morir. (Lc 23, 46)

Y dando una gran voz, dijo: En tus manos encomiendo mi espíritu.

 (Lc 24, 5-6). Dónde está el crucificado, sepultado y ahora vivo. No le busquéis entre los muertos, El Que Vive no está aquí

Lc 24  Los de Emaús A Jesús se le encuentra por el camino, en la Palabra de las Escrituras y se le reconoce al compartir el pan.

Ascensión. Lc 24, 50-51

Los once discípulos fueron a Galilea al monte donde Jesús los había citado. Al verlo se postraron ante Él, adorando a la vez que dudando. Jesús les dijo: Se me ha dado toda potestad para dar vida en el cielo y en la tierra. Id y aprended de todas las gentes para poder hacer discípulos míos entre todas las gentes, sumergiéndolos en la corriente de vida de Abba, la Fuente, del Hijo, su Rostro y del Espíritu de Vida. Y enseñadles a cumplir del todo mi encargo de amar. Os será posible porque yo os aseguro que estoy con vosotros cada día hasta el fin de los siglos.

 

 

EL EVANGELIO DE LA VIDA

 

SELECCIÓN DE TEXTOS DEL EVANGELIO SEGÚN LA TRADICIÓN DE JUAN:

 

Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6) de Dios, que es Amor (1 Jn 4,8).

Los discípulos dijeron a Jesús:  “Maestro, ¿con quién nos vamos a ir, si te dejamos a tí? Tus palabras dan vida , tus exigencias comunican vida definitivamente. Y nosotros creemos firmemente y sabemos muy bien que tú eres el Enviado de Dios, consagrado para la misión de dar vida (Jn 6, 68-69).

Este libro lo hemos editado con el deseo de transmitir las palabras de Jesús, que dan vida, para que den vida a quien las escuche. (Jn 20, 31; 1Jn 1, 1-4)

 

La Fuente de vida, Sabiduría divina  . Jn 1

 

Al principio ya existía

la Palabra de Sabiduría,

viviendo de cara a la Fuente de la Vida

de la que manaba desde siempre.

Por ella todo es

y sin ella nada existe.

Preñada de vida, daba vida desde siempre.

Y la vida, luz del mundo,

era el alba eterna de lo humano.

Brilla esa luz en las tinieblas,

no logran sofocarla.

Luz verdadera era ella,

lucero divino de lo humano.

Así-siempre-presente,

Así-siempre-brillante

llegando está.

Aparece y se oculta,

estrella de otros orientes.

En el mundo estaba

desde siempre.

Y, aunque el mundo existe por ella,

no supo reconocerla.

Vino a su casa,

pero los suyos no la acogieron.

A quien la acogió entrañablemente

colmó de bendiciones.

Entró y salió ella por puerta de amor:

cuerpos de María y José,

hontanares de vida.

En el seno y hogar que la acogió

derramó espíritu de vida,

divinizando amores

de madre, padre y familia.

He aquí cómo se humanizó

la Palabra de Vida:

Sabiduría eterna acampó entre nosotros

y arraigó en carne y hueso.

Contemplamos su gloria

y quedamos radiantes:

Encendidos por el Espíritu

del Rostro, reflejo de Fuente de Vida,

plenitud de amor.

De tal plenitud recibimos

amor que al amor responder pueda.

De Moisés se heredó la antigua ley,

mas la Palabra de Vida

proclama la plenitud del amor.

Nadie vio jamás

a la divinidad, Fuente de la Vida.

Jesús, El Que Vive desde siempre,

se encarnó para dar vida divina

y su Espíritu nos la interpreta.

 

 

Juan, el precursor de Jesús ( cf. Jn 1, 6-8)

 

Apareció un hombre, voz que clama en el desierto llamando a la conversión. Este hombre era Juan, hijo de Isabel y Zacarías, primo de Jesús. Era un hombre encargado por Dios para preparar el camino del Enviado para nuestra salvación. Juan vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, de modo que, por él, muchos llegasen a creer. No era él la luz definitiva, vino para dar testimonio de la luz. Juan dio testimonio señalando a Jesús: “Este es de quien yo dije que llega detrás de mí alguien que estaba ya presente antes que yo, porque existía antes que yo”.

 

Los primeros discípulos de Jesús (Jn 1, 19-51)

 

Las autoridades judías de Jerusalén enviaron sacerdotes y clérigos a investigar sobre la predicación de Juan, que estaba bautizando en Betania, en la otra orilla del río Jordán.

Le preguntaron: ¿Eres tú el Enviado de Dios? ¿Eres un profeta? ¿Eres Elías, el famoso profeta que fue arrebatado hacia el cielo y se dice que volverá a este mundo en el futuro?. No, decía Juan, yo no soy más que una voz que grita en el desierto para preparar el camino al Enviado de Dios que está para llegar.Yo bautizo con agua como señal de conversión del corazón y cambio de vida, pero cuando llegue el Enviado de Dios él será quien os bautice y sumerja en la corriente del Espíritu divino.

Al día siguiente, viendo a Jesús que pasaba por allí, dijo a sus discípulos: Mirad, ese que pasa por ahí es el Enviado de Dios, el que arranca el mal del mundo. Este es de quien yo dije: Detrás de mí vendrá un hombre que se me ha puesto delante, porque existía antes que yo. Lo que yo estaba haciendo con mi predicación y bautismo era prepararle el camino. Él vino por aquí hace unos días y se puso en cola como uno más de los que esperaban para bautizarse. Le noté en la cara que no era como los demás. Cuando salió del agua sentí como si una voz del cielo me dijera: ¡Es Él! Pasaba en ese momento una paloma y me acordé del libro del Génesis, cuando el Espíritu de Dios, revoloteaba sobre las aguas de la primera creación. Asi que yo os lo aseguro y doy testimonio: ahí tenéis al Hijo de la Fuente de la Vida.

Al oir esto de Juan, dos de sus discípulos se fueron tras Jesús.

Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:

-¿Qué buscáis?

Le contestaron:

-Maestro, ¿dónde vives?

Les dijo:

-Venid y lo veréis

Lo acompañaron, vieron donde vivía y se quedaron aquel día con él; serían las cuatro de la tarde.

 

Boda en Caná y regalo de buen vino (Jn 2, 1-12)

 

Se celebraba una boda en Caná de Galilea. María y Natanael estaban allí desde una semana antes hospedados en casa de los parientes (Jn 2, 1). María preparaba para alojar a los invitados de la novia, entre los que se hallaba Jesús, y Natanael se encargaba de recibir a los amigos del novio. “¿Podemos ir nosotros también?”, preguntaron los discípulos de Jesús. “Bueno, sois muchos, pero con tal de que no alborotéis y…, por supuesto, que traigáis algo para reponer los odres vacíos… sois bienvenidos”.

A mitad de la fiesta, María llama aparte a Jesús y le avisa: “Se están acabando los odres de Séforis. Ya va siendo hora de que le ofrezcáis a los novios vuestro vino de Taibeth” (Jn 2, 3). “Madre, qué prisa tienes, aún es pronto, no ha llegado la hora (Jn 2, 4), deja que entretanto se refresquen con un botijo de agua de las tinajas del patio”. “Pero, hombre, qué cosas tienes. Esas son las Tinajas de la Ley, solo se usan para rituales. Además, si supieras… hace años que ni siquiera sirven ya para el rito, están vacías y secas, huecas y estériles”(Jn 2, 6-7). “Ya lo sé, bien que lo sé”, ríe Jesús. “Por eso encargué a Andrés y Simón que escondiesen allí nuestros odres, para sacarlos en su momento. Cuando llegue la hora, madre, cuando llegue la hora (Jn 2, 4; 4, 23; 7, 30; 13, 33; etc…)”.

María asintió satisfecha y dijo a los sirvientes: “Id con estos a reponer las bebidas” (Jn 2, 5).  “¿Adónde?” “Al patio grande, donde están rellenando de otra agua las Tinajas de la Ley” (Jn 2, 6-7). Al poco rato salían los sirvientes trayendo los odres de Taibeh, sacados de su escondite en el seno de las tinajas y comenzaron a escanciar. El capataz de cocineros probó un sorbo mientras adobaba las ensaladas. “¡Qué buen cuerpo tiene este vino! ¿Por qué no lo habrán servido antes? ( Jn 2, 10)”.

Natanael, sorprendido, admirado comenta: “Ahora entiendo por qué decía Andrés que con Jesús podemos solucionar la falta de vino (Jn 1, 40-45). A tu hijo tendremos que ponerlo en cabeza de lista por Nazaret, en vez de los de la casta subvencionada por el Sanedrín”. “Eso sí que no. Mi hijo huye de que le hagan cabecilla, si lo votáis se escapa al monte (Jn 6, 15), que bien sabe él lo que piensa cada uno de vosotros (Jn 2, 34-35)”. “Es verdad, a mí me adivinó el pensamiento, decía que se fijó en mí cuando estaba bajo la higuera. ¡Increíble!” (Jn 1, 48)  “Eso no es nada, Natanael, lo que te queda por ver (Jn 1, 50), verás cosas mayores, cuando llegue el día de que este Hijo de hombre y mujer les cante las cuarenta a los de la casta derecha del Templo y a los de la casta izquierda de los zelotes (cf. Jn 2, 13-22)”.

 

 

Jesús choca con la manera de hacer las cosas la gente del Templo (Jn 2, 13-22)

 

Jesús sube a la capital para la Pascua y choca con los vendedores y cambistas de dinero del templo, y protesta al ver en lo que se había convertido la casa de Dios.

La gente tenía que hacer cambios de dinero, para dar las limosnas al templo con moneda del templo y pagar los impuestos a los romanos con moneda romana. Los pobres salían perdiendo en el cambio, los cambistas se llevaban un tanto por ciento y el templo que les prestaba el puesto también cobraba, total, un mercadillo en vez de un oratorio, Jesús da un latigazo sobre la mesa del cambista y dice: Esto no puede ser. Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de ladrones…

 

Nicodemo visita a Jesús a escondidas (Jn 3, 1-21)

 

Un magistrado de los judíos que creía que tenían que cambiar las cosas, pero no se atrevía a decirlo públicamente, va por la noche a ver a Jesús y preguntarle qué hay que hacer. Jesús le responde misteriosamente: “Tienes que nacer de nuevo”. Nicodemo queda desconcertado. Jesús le aclara: “Es que tienes que empezar por cambiar tú. Que lo más importante de la religión es que Dios ama al mundo y envía su Hijo para darle esperanza. De la carne, nace carne. Del Espíritu, nace espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo. El viento sopla  donde quiere, y oyes su ruido, aunque no sabes de dónde viene ni adónde va”.

 

Jesús conversando con una mujer samaritana (Jn 4, 5-38)

 

Jesús, de conversación con una mujer samaritana le ayuda a encontrar la paz de corazón que necesitaba, se corre la voz y más gente de ese pueblo acude a que Jesús les anime y les de paz.

Todo empezó cuando Jesús, que iba camino de Galilea y tenía que atravesar Samaría, llegó a un pueblo que se llamaba Sicar, cerca del campo que le había dejado Jacob a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, agotado del camino,se sentó sin más junto al pozo, mientras sus discípulos iban al pueblo a comprar provisiones. Era casi mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua, y Jesús le dijo:

-Dame también a mí, que beba.

La samaritana le preguntó:

-¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?

(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.).

Jesús le contextó:

Si conocieras el regalo que Dios hace al mundo dándole agua de vida… Si supieras con quién estás hablando y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él que te dé agua viva.

La mujer le preguntó extrañada:

-Señor, si notienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar agua viva? ¿Vas a ser tú más que nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo, donde bebían él, sus hijos y sus ganados?

Jesús le contestó:

-El que bebe agua de ésta vuelve a tener sed; el que beba el agua que  yo voy a dar nunca más tendrá sed: porque ese agua se le convertirá dentro en un manantial que salta dando una vida sin término.

La mujer dijo:

-Señor, dame agua de esa: así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.

Él repuso:

-Ve a llamar a tu marido y vuelve acá.

La mujer le contestó:

-No tengo marido.

Jesús le dijo:

-Muy bien dicho, que no tienes marido,  porque has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.

La mujer contestó:

-Señor, veo que tú eres un profeta. Entoncesd aprovecharé para preguntarte sobre nuestro culto. Nuestros padres celebraban el culto en este monte; en cambio, vosotros decís que el lugar donde hay que celebrarlo está en Jerusalén.

Jesús le dijo:

-Créeme, mujer. Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte, ni en Jerusalén. Vosortros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, o mejor dicho, ya ha llegado la hora en que los que dan culto auténtico darán culto al Padre con espíritu y verdad, pues de hecho el Padre busca hombres que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y verdad.

La mujer le dijo:

-Sé que va a venir el Mesías, el Ungido, el Enviado de Dios; cuando venga él nos lo explicará todo.

Jesús le contesdtó:

Soy yo, el que hablo contigo.

En aquel momento llegaron sus discípulos y se quedaron extrañados de que hablase con una mujer en aquel lugar, pero ninguno se atrevió a preguntarle qué deseaba o por qué hablaba con ella.

La mujedr dejóel cántaro, se fue al pueblo y le dijo a la gente:

-Venid a ver a un hombre que ha adivinado todo lo que he´hecho; ¿será este tal vez el Mesías?

Salieron del pueblo y se dirigieron adonde estaba él.

Mientras tanrto sus discípulos le insistían:

-Maestro, come.

Él les dijo:

-Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis.

Los discípulos comentaban:

-¿Le habrá traído alguien de comer?

Jesús les dijo:

-Para mí es alimento cumplir el designio del que me envió y llevar a cabo su obra. Decís que faltan cuatro meses para la siega, ¿verdad? Pues yo os digo esto: Levantad la vista y contemplad los campos; ya están dorados para la siega. El que siega cobra ya salario y recoge cosecha para una vida sin término; así se alegran los dos , el que siembra y el que siega, porque en eso tiene razón el refrán, que uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habíais labrado; fueron otros los que labraron y vosotros habéis entrado en su labor.

Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por lo que les dijo la mujer, declarando que había adivinado todo lo que ella había hecho. Por eso, cuando llegaron los samaritanos a donde estaba él le rogaron quwe se quedara, y se quedó allí dos días. Muchos más todavía creyeron por lo que les dijo él, y decían a la mujer:

-Ya no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos lo hemos oñido y sabemos que él es realmente quien salva al mundo.