Catequesis adulta

Catequesis adulta

1 EL SER HUMANO EN BUSCA DE DIOS
El ser humano es capaz de preguntar por Dios y por el enigma y el sentido de la vida, pero el pensamiento humano que hace esas preguntas es como un montañero que va trepando hacia arriba, pero no acaba de llegar a la cumbre. Se va acercando a la puerta del misterio y no acaba de llegar; se queda a la espera de que desde más allá de esa puerta le salga al encuentro el Misterio. En realidad, el mismo Dios nos estaba empujando desde dentro de nosotros para que le busquemos. Dios no estaba más allá a lo lejos, sino más acá, en lorofundo de mi ser, de la vida y de todo. Dios nos sale al encuentro de muchas maneras; por medio de la naturaleza, de la historia, de las otras personas y acontecimientos de la vida, y a través de nuestra interioridad. Dios es, como dice san Agustín, lo más íntimo de la íntimo mío. La religiosidad es el descubrimiento de Dios en esa interioridad. La religiosidad no es una característica más del ser humano junto a otras, sino la dimensión de profundidad de todos los aspectos del ser humano y de la vida.

Se llama Revelación a la manifestación de Dios que sale al encuentro de nuestra búsqueda de Él. Nos sale al encuentro en la naturaleza, en la evolución de la vida, en la historia de la humanidad, en la historia de las religiones, en los símbolos del sentido de la vida de las diversas religiones, en la historia de salvaci´´on que recuerda la Biblia hebrea y, sobre todo, nos salió al ensuenctro definitivamente en Jesucristo: Dioshecho humano, el Enviado (eso es lo que significa el Mesías, el Cristo) para revelarnos a Dios y para nuestra salvación. La fe es la respuesta humana a la manifestación de Dios que sale al encuentro de nuestra búsqueda. La fe cristiana es la entrega confiada de sí mismo en brazos de Dios pormedio de Jesucristo que es el Camino, la Luz y la Vida que da sentido a la vida.

LAS PREGUNTAS HUMANAS Y LAS RELIGIONES
Las personas buscan en las diferentes religiones una respuesta a los enigmas de la vida humana. Los problemas que angustian al corazón humano son los mismos hoy y en el pasado. ¿Qué es lo que nos humaniza y lo que nos deshumaniza? ¿Qué debemos hacer y qué no debemos hacer? ¿Por qué el sufrimientoy y para qué puede servir? ¿Dónde está la verdadera felicidad? ¿Qué ocurre al morir? ¿Qué juicio o remuneración nos aguarda después de la muerte? Y finalmente, ¿cuál es el misterio último, más allá de toda explicación humana,que envuelve nuestra existencia, el origen de dónde venimos,y el fin hacia el que caminamos?

DIOS SALE A NUESTRO ENCUENTRO
“En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por un Hijo, al que nombró heredero de todo, lo mismo que por él había creado los mundos y las edades” (Hebreos 1, 1-2) ..
“La Palabra-Sabiduría de Dios se hizo hombre, acampó entre jnosotros y contemplamos su gloria; gloria de Hijo único del Padre, lleno de amor y de lealtad” (Juan 1m14).
“A Dios nadie le ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha explicado” (Jn 1, 18) “Lo que existía desde el principio, lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos, -hablamos de la Palabra, que es la Vida. Porque la Palabra se manifestó, nosotros la vimos, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba de cara al Padre y se manifestó a nosotros-, eso que vimos y oimos os lo anunciamos ahora, para que seáis vosotros solidarios con nosotros; per, además,esta solidaridad (koinonía) nuestra lo es con el Padre y con su Hijo Jesús, el Mesías. Os escribimos esto para que nuestra alegría llegue a su colmo (1 Juan 1, 1-4).

2 LA REVELACIÓN DE DIOS
Las personas buscan en las diversas religiones una respuesta a los enigmas de la vida humana. ¿Qué es lo que nos humaniza y lo que nos deshumaniza? ¿Cuál es el sentido y la finalidad de la vida?
Llamamos RevelaciónDios. Nos sale a nuestro encuentro de diversas maneras. Dios sale a nuestro en cuentro 1) en la naturaleza, 2) en la evolución de la vida, 3) en la historia de la humanidad, 4) en la historia de las religiones, 5) en los símbolos del sentido de la vida en las diversas culturas, y 6) de un modo muy especial, en la historia de la religiosidad del pueblo hebreo. La Biblia cuenta esta historia de Dios al encuentro de la humanidad como una historia de salvación.
Dios, al salir al encuentro de la humanidad y revelarse, da una respuesta definitiva a las cuestiones que nos planteamos sobre el sentido y finalidad de la vida.
CRISTO JESÚS, EL ENVIADO, REVELA A DIOS Y NOS DA VIDA
“En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestos padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, Cristo Jesús.” (Hebreos 1, 1-2). “A Dios nadie le ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha explicado” (Jn 1, 18). Dios se ha revelado plenamente enviando a Jesucristo, que es su Palabra y revelación definitiva. Dios “quiere que todas las personas se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2, 4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús” (cf. Jn 14, 6).
Reconocer a Jesús como el Cristo es el punto de partida de la fe. Cristo (en griego) y Mesías (en hebreo) es un nombre para significar que Jesús es el Enviado de Dios, el Ungido con una misión. La misión de Jesús es revelarnos a Dios y darnos vida. Jesús nace alrededor del año 6 o 7 de la era común y muere injustamente ajusticiado alrededor del año 27. Pasó los últimos tres años de su vida recorriendo el territorio de Galilea, por donde pasó haciendo bien, sanando, animando, dando vida y predicando la Buena noticia de la llegada del reinado de la vida, que nos da esperanza y sentido de la vida. Jesús anunció la llegada del Reinado de la vida, la realización del Dominio o Reinado de Dios, de un mundo como Dios desea, un Reinado de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, amor y paz. Es decir, la verdadera felicidad y unión de todos los hijos e hijas de Dios en la comunidad de un mundo de hermanos y hermanas. Jesús anunció la llegada de ese reinado de Dios. Ese reinado está empezando a llegar por obra de la acción divina. Nosotros estamos llamados a colaborar para hacer que llegue ese reinado de Dios, ayudando a empezar a construir en esta tierra el cielo). A ese anuncio gozoso lo llamamos la proclamación de la Buena Noticia, el Evangelio. Esta enseñanza y acción sanadora de Jesús dio esperanza al pueblo sencillo.Pero fue considerada peligrosa y subversiva por parte de los dirigentes de la religión establecida. Jesús fue apresado, juzgado y condenado injustamente por el tribunal religioso (el Sanedrín) y entregado al poder político (de los colonizadores romanos), que lo condenó a muerte en cruz. Pero su muerte no fue una derrota, sino una victoria sobre el mal y sobre la muerte, porque Jesús, al morir, entró en la Vida de la Resurrección que garantiza nuestra vida eterna, nuestra vida más allá de la muerte. Los discípulos de Jesús, que se habían dispersado desilusionados tras su ejecución, fueron reunidos por el Espíritu de Jesús, que les hizo vivir la experiencia de reconocer al crucificado como el Resucitado, El Que Vive. Y así comenzó la comunidad de seguidores de Jesucristo, que es la iglesia, que peregrina en la historia dando testimonio de la unidad del género humano y trabaja para construir el Reinado de la Vida, el mundo como Dios quiere, el mundo de hijos e hijas de Dios que se aman como hermanos y hermanas.
LA PREDICACIÓN DE LOS APÓSTOLES (Dei Verbum 7)
Jesucristo envió a los apóstoles a predicar a todas las personas el Evangelio, es decir, la Buena Noticia de parte de Dios, que nos da vida y esperanza. Esa Buena Noticia nos dice que somos hijos de Dios, que Dios nos ama y quiere nuestra salvación en la vida definitiva con Él para siempre.
La transmisión del Evangelio se hizo de dos maneras: de palabra y por escrito, ambas inspiradas, ayudadas e interpretadas por el Espíritu divino, el Espíritu Santo). que es el alma de la Tradición apostólica, de la lectura de la Biblia y de las enseñanzas de la Iglesia, que cuida la herencia de la revelación para alimentar la fe. La tradición que viene de los apóstoles se desarrolla y evoluciona en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo. Se crece en su comprensión de tres maneras: 1) por la contemplación y el estudio de los fieles, 2) por la luz que reciben en la experiencia de la vida espiritual, 3) por la predicación de los suscesores de los apóstoles cuando ponen en prática el carisma de ayudar a caminar hacia la verdad.(Así lo dice el Concilio Vaticano II, en el documento sobre la Palabra de Dios, Dei Verbum, n. 8)

LA PALABRA DIVINA EN LA BIBLIA
La Biblia es una colección de muchos libros. Hay que aprender a leerla como un álbum de familia de las comunidades creyentes.
Los libros del Antiguo Testamento (la Biblia del pueblo hebreo) son los libros religiosos del pueblo de Israel, que representan la Antigua Alianza o Promesa de Dios al pueblo que heredaba la fe de sus antepasados quiados por Abrahán y Moisés.
En el Nuevo Testamento o Nueva Alianza aprendemos la fe y la nueva relación de Dios con nosotros, tal como nos las enseñó Jesucristo. Esos libros son los Cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), los Hechos de los Apóstoles y otros escritos de los primeros seguidores de Jesús, por ejemplo, las Cartas de Pablo, Pedro, Juan, etc.
Evangelio quiere decir Buena Noticia, Buena Nueva o Alegre Noticia. El Evangelio o Buena Noticia que aprendemos en los Cuatro Evangelios es la buena noticia que Jesús nos dio sobre Dios. Jesús enseñó que Dios es como el mejor Padre y la mejor Madre de todos nosotros, que somos todos hermanos y hermanas. .Dios es como un Padre y Madre bondadoso y misericordioso, fuente de vida y esperanza. Dios es como el aire que respiramos. Está presente en todas partes, aunque no le vemos con los ojos de la cara.Le vemos y oimos con los ojos y oidos de la fe. En sus manos estamos, “en Él vivimos, respiramos, nos movemos y exsistimos” (Hechos de los Apóstoles, 17).
A Dios nadie lo ha visto. Pero podemos conocerlo porque Jesús, el Enviado de Dios, nos lo dio a conocer . Jesús nos lo explicó, nos lo interpretó nos lo hizo cercano, como dice el apóstol Juan (Jn 1, 18).
Evangelio significa también la Buena Noticia sobre Jesús que, además de ser Enviado de Dios, es mucho más: es el mismo Dios hecho hombre para mostrarnos a Dios, hablarnos de Dios y darnos vida.
Jesús es el hijo de María y José, que además es el Hijo de Dios, que llamaba a Dios su Padre y se dirigía a Dios con la palabra Abba (que significa “papá”). Con esa palabra se dirigía Jesús a Dios cuando rezaba por todos nosotros para que estemos unidos como hermanos y hermanas.
EL TESORO DE LA FE CONFIADO A TODA LA IGLESIA
Para que el mensaje del Evangelio se conservara vivo en la Iglesia, los apóstoles nombraron sucesores que transmitieran su enseñanza. “Las luces de la Tradición, la Sagrada Escritura (la Biblia) y el Magisterio de la Iglesia están unidas, de modo que ninguna puede estar aislada de los otras. Las tres, bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas” (Dei Verbum 10, 3). “El magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio… del depósito de la fe saca todo lo que propone para ser creído como revelación de Dios” (DV 10). Todos los fieles tienen parte en la comprensión y trasmisión de la verdd revelada. Han recibido la unción del Espíritu Santo que los instruye (1 Jn 2, 20-27) y los conduce a la verdad completa (Jn 16, 13).
3 LA FE, RESPUESTA DEL SER HUMANO A LA REVELACIÓN DE DIOS
La fe es una respuesta de entrega y decisión personal confiada a Dios. La fe es un don de Dios El espíritu de Dios me hace creer. Creemos estando en la comunidad reunida por su Espíritu, que transmite la fe. El Espíritu que nos hace creer, nos hace orar y decir a Dios Padre.
Por la fe decimos: Yo creo, yo quiero creer, el Espíritu me hace creer, reunidos en la Iglesia por el Espíritu, creemos.
Por su revelación, Dios habla a los hombres y mora con ellos para invitarlos a la comunicación consigo. Dios nos habla a través de la Naturaleza, de los acontecimientos de la historia, del testimonio de las personas y a través del interior de nuestro corazón. La respuesta a esta llamada es la fe. Por la fe, damos asentimiento a Dios que se revela. La sagrada Escritura llama a esta respuesta «obediencia de la fe», es decir, escuchar y seguir una llamada (cf.Romanos 1,5; 16,26). Creer es “escuchar y seguir”, es someterse libremente a la palabra escuchada, garantizada por Dios.
La fe es una adhesión personal de la persona a Dios; es el asentimiento libre a toda la verdad revelada. El Señor dice a sus discípulos: «Creed en Dios, creed también en mí» (Jn14,1). El evangelista Juan dice: «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo lo ha contado» (Jn1,18).
La fe es un don de Dios. Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios». El Espíritu Santo nos revela quién es Jesús. Porque «nadie puede decir: “Jesús es Señor” sino bajo la acción del Espíritu Santo» (1 Co 12,3). Pero creer es un acto auténticamente humano. La fe es libre. La persona, al creer, debe responder voluntariamente a Dios; nadie debe ser obligado contra su voluntad a abrazar la fe.
La fe fomenta el amor y la esperanza.
La fe nos anticipa la entrada en la vida definitiva. Entonces veremos a Dios «cara a cara» (1 Co13,12), «tal cual es» (1 Jn 3,2). La fe es ya comienzo de la vida eterna. Ahora «caminamos en la fe y no en la visión» (2 Co 5,7), y conocemos a Dios «de una manera imperfecta” (1 Co 13,12). La fe se vive a menudo en oscuridad. El mundo parece lejos de lo que la fe asegura; las experiencias de mal, sufrimiento, injusticias y muerte tientan y ponen a prueba la fe.
La fe es un acto personal:
La respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero no es un acto aislado. Nadie puede creer solo. Nadie se da la fe a sí mismo, como nadie se da la vida a sí mismo. Recibimos la fe de otros y la transmitimos.
“Creo”: Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente.
“Creemos”: Es la fe de la Iglesia confesada en la comunidad reunida por el Espíritu. En el Ritual Romano, se pregunta al catecúmeno: “¿Qué pides a la Iglesia de Dios?” Respuesta: “La fe”. “¿Qué te da la fe?” “La vida eterna”.
La Iglesia guarda la memoria de las palabras de Cristo y transmite de generación en generación la confesión de fe de los apóstoles.
LA SEÑAL DE LA CRUZ
Hacemos la señal de la cruz, diciendo: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es la señal deL cristiano, nuestra cédula de identidad. La señal de la cruz es una oración muy breve, que resume nuestra fe. Al hacer esta señal dirigiéndonos a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo no estamos diciendo que haya tres dioses, sino que estamos confesando o reconociendo nuestra fe en Dios, al que llamamos Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Creemos en Dios, Padre, Madre y Fuente de la Vida. Creemos en Jesús, que es Dios hecho hombre para mostrarnos el camino verdadero hacia la vida eterna. Creemos en la presencia de Dios dentro de nosotros, para darnos vida y hacer que nos demos vida unos a otros y ayudarnos a que caminemos por la vida llenos de esperanza hacia la vida verdadera y eterna.
Cuando hago la señal de la cruz rezo reconociendo la fe con que Dios me hace creer en Él: creo en Dios que es Padre y Madre todo bueno y todo poderoso, creador de toda vida; creo en Dios que es Hijo, es decir, que se hizo humano como nosotros para que descubramos que somos todos hermanos y hermanas, hijos e hijas de Dios y por eso llamamos a Jesús el Hijo; creo en Dios que es Espíritu santo, Espíritu de vida, que está dentro de mí y dentro de todos los vivientes dando vida, haciéndonos vivir. La señal de la cruz es un resumen de nuestra fe: Dios, con corazón de Padre y Madre, revelado en Jesucristo, está presente en nuestra vida como Espíritu Santo, que nos hace vivir y convivir hacia la vida eterna.
“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Es la señal del cristiano, nuestra cédula de identidad. Esta oración resume nuestra fe. Dirigirnos a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo no significa que haya tres dioses, sino que reconocemos nuestra fe en el Dios único, al que llamamos Padre, Hijo y Espíritu Santo. Con otras palabras: Luz, Camino y Vida. Luz de Verdad, Camino de Salvación y Vida Infinita.
Llamamos Padre al Dios invisible, porque así nos enseñó Jesús a llamarle.
Le llamamos Hijo, porque creemos que Jesús es el rostro visible del Dios invisible; se hizo humano y habitó entre nosotros, murió y resucitó para nuestra salvación.
Le llamamos Espíritu Santo, porque creemos en su presencia dentro de nosotros dándonos vida y luz para el camino hacia la vida definitiva cuando resucitemos de la muerte hacia la vida divina.
LAS TRES PREGUNTAS PARA LA PROFESIÓN DE FE ANTES DFEL BAUTISMO
C.::¿Crees en Dios, Padre, Creador del cielo y de la tierra? Sí, creo
C.: ¿Crees en Jesucristo, verdadero hombre y Dios, que nació de la Virgen María, pasó por el mundo haciendo el bien, murió hacia la Vida de Dios, resucitó y vive eternamente? Sí, creo
C.: ¿Crees en el Espíritu Santo, para el perdón de los pecados, la resurrección de la muerte y la entrada en la vida verdadera? Si , creo

PADRE NUESTRO: LA ORACIÓN DE JESÚS, PALABRA POR PALABRA
Jesús nos enseñó a rezar.
Nos enseñó a dirigirnos a Dios con la oración del Padre Nuestro. Quisiéramos poder explicar con palabras sencillas lo que significa cada una de las peticiones del Padre Nuestro y cómo rezarlo cada uno de nosotros desde nuestra vida de cada día. Recemos junto con Jesús, levantando el corazón hacia Dios Padre y Madre.
Padre nuestro: Dios, Padre mío y Padre nuestro. Dios, Padre y Madre. Dios, Fuente de la Vida. Dios, Padre de toda la humanidad, Tú nos das la dignidad humana, haciendo que seamos hermanos y hermanas en una misma familia de hijos e hijas de Dios.
Que estás en el cielo: Que estás en la vida, que estás en nuestras vidas, que estás en nuestras familias con sus penas y alegrías, que estás en todas partes, dando vida.
Santificado sea tu nombre: Tú solo, Señor, eres Santo. Que Te alabemos, te adoremos y te glorifiquemos. Que te demos gracias, Señor. Gracias por la vida, gracias por tu gloria.
Venga a nosotros tu reino: Que reine en este mundo la verdad y la vida, la justicia y el amor. Que hagamos un mundo de hermanos y hermanas, hijos e hijas de Dios.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: Que nos demos vida todas las personas, unas a otras mutuamente, para que la tierrra se convierta en un cielo. Hágase tu voluntad en la vida de nuestras familias y en el lugar de nuestro trabajo.
Danos hoy nuestro pan de cada día: Danos fuerza de vivir, alimento para el cuerpo y el espíritu. Que nos demos mutuamente el pan para comer y el pan de compartir alegrías y sufrimientos. Danos el pan de tu Palabra y el pan de la Eucaristía.
Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden: Perdónanos, haznos capaces de perdonar y dejarnos perdonar. Perdona,Señor, a quienesde recibir perdón. Perdona Tú, Señor, a quienes no seamos capaces de perdonar.
No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal: Líbranos de las heridas que recibimos y de las heridas que causamos. Que ayudemos a liberar a las víctimas del mal.

RESUMEN DE NUESTRA FE CON PALABRAS DE LA CARTA PRIMERA DEL APÓSTOL JUAN
El apóstol Juan habla sobre la vida, sobre Dios que es amor y fuente de vida; sobre Jesucristo, Hijo de Dios, que nos da vida, para que nos demos vida mutuamente.
La Vida eterna de Dios Padre, fuente de toda vida, se manifestó. Nosotros la vimos, oimos y tocamos… Os lo anunciamos para que también vosotros estéis unidos, formando una comunidad de creyentes en la vida, y así rebosemos de alegría… Quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano,está en tinieblas… Ya desde ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos… Cuando se manifieste seremos semejantes a él. Lo veremos tal cual es. Y el verle así nos purificará y nos asemejará a él… El mensaje que oísteis desde el principio es este: que nos amemos unos a otros… El amor procede de Dios y todo el que ama, ha nacido de Dios. En esto se manifestó el amor de Dios al mundo, en que envió a su Hijo para que vivamos gracias a Él… A Dios jamás le ha visto nadie. Si nos amamos, Dios permanece en nosotros… Dios es amor y quien permanece en el amor, en Dios permanece, y Dios en él… Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve…
Estas cosas os escribí para que sepáis que tenéis vida eterna…
LA PUERTA DE LA FE 4

CREO EN DIOS, PADRE, TODO PODEROSO, CREADOR DE CIELOS Y TIERRA
CREO EN DIOS, PADRE Y MADRE, FUENTE DE LA VIDA,
TODO MISERICORDIA, VERDAD Y FUERZA INFINITA
El Credo comienza afirmando la fe en Dios Padre y Madre, Todo poderoso y todo misericordioso, Creador de cielos y tierra, creador de la evolución de la vida, creador de criaturas creadoras (que sean co-creadoras con Dios para la evolución de la vida). Dios es Único: no hay más que un solo Dios.
Dios se reveló progresivamente y bajo diversos nombres. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy». (Ex 3,13-15). Es el “Dios escondido” (Is 45,15) y es el Dios que se acerca a la humanidad. San Juan afirma: “Dios es Amor” (1 Jn 4,8.16); el ser mismo de Dios es Amor. Al designar a Dios con el nombre de “Padre”, el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Esta ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad (cf. Is 66,13; Sal 131,2) que indica más expresivamente la intimidad entre Dios y su criatura. Dios transciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios.
La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Pero Dios Padre ha revelado su omnipotencia misteriosamente en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. La Creación da la respuesta de la fe cristiana a la pregunta básica humana: “¿De dónde venimos?” “¿A dónde vamos?” En el principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Gn 1,1): La totalidad de lo que existe depende de Aquel que le da el ser. El Creador soberano y libre, causa primera de todo lo que existe, está presente en lo más íntimo de sus criaturas: “En él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28). Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término.«Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces pues, si algo odiases, no lo hubieras creado. Y ¿cómo podría subsistir cosa que no hubieses querido? ¿Cómo se conservaría si no la hubieses llamado? Mas tú todo lo perdonas porque todo es tuyo, Señor que amas la vida» (Sb 11, 24-26).
Dios concede a los hombres incluso poder participar libremente en su providencia confiándoles la responsabilidad de “cuidar la tierra” (cf Gn 1, 26-28) para completar la obra de la Creación, para su bien y el de sus prójimos. Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó” (Gn 1,27). De todas las criaturas visibles sólo el hombre es “capaz de conocer y amar a su Creador”; está llamado a participar en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad: Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien.
La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que “Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente” (Gn 2,7). Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios. A menudo, el término alma designa en la Sagrada Escritura la vida humana (cf. Mt 16,25-26; Jn 15,13) o toda la persona humana (cf. Hch 2,41). Pero designa también lo que hay de más íntimo en el hombre (cf. Mt 26,38; Jn 12,27) y de más valor en él (cf. Mt 10,28; 2M 6,30), aquello por lo que es particularmente imagen de Dios: El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la “imagen de Dios”: es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser templo del Espíritu (cf. 1 Co 6,19-20; 15,44-45): El alma espiritual no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte. El hombre y la mujer están hechos “el uno para el otro”: Al trasmitir a sus descendientes la vida humana, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan de una manera única en la obra del Creador. El pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarle y amarse mutuamente. La doctrina del pecado original es, por así decirlo, “el reverso” de la “gracia original” con la que nacemos, pero que se ve amenazada por el “pecado del mundo”. La imagen del “pecado original” es como el negativo de una foto. Lo positivo es la Buena Nueva de que Jesús es el Salvador de todas las personas, que todas necesitan salvación y que la salvación es ofrecida a todas gracias a Cristo.
LA PUERTA DE LA FE 5

CREO EN JESUCRISTO, DIOS HECHO HOMBRE,
VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE.

Creemos que Jesús, el Enviado de Dios para nuestra salvación, es el Hijo eterno de Dios, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Hacemos la señal de la cruz, diciendo: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Nos dirigimos a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero no estamos diciendo que haya tres dioses, sino que estamos confesando o reconociendo nuestra fe en el Dios único, al que llamamos Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Llamamos Padre al Dios invisible, porque así nos enseñó Jesús a llamarle. Le llamamos Hijo, porque creemos que Jesús es el rostro visible del Dios invisible, que se hizo humano y habitó entre nosotros, murió y resucitó para nuestra salvación. Le llamamos Espíritu Santo, porque creemos en su presencia dentro de nosotros dándonos vida y dándonos luz para guiarnos por el camino de la vida hacia la vida eterna cuando, al morir, entremos en la vida definitiva de Dios.para siempre.

Creemos en Dios, Padre, Madre y Fuente de la Vida. Creemos en Jesús, que es Dios hecho hombre para mostrarnos el camino verdadero hacia la vida eterna. Creemos en la presencia de Dios dentro de nosotros, para darnos vida y hacer que nos demos vida unos a otros y ayudarnos a que caminemos por la vida llenos de esperanza hacia la vida verdadera y eterna.

Cuando hago la señal de la cruz rezo reconociendo la fe con que Dios me hace creer en Él: creo en Dios, que es Padre y Madre todo bueno y todo poderoso, creador de toda vida; creo en Dios que es Hijo, es decir, que se hizo humano como nosotros para que descubramos que somos todos hermanos y hermanas, hijos e hijas de Dios y por eso llamamos a Jesús el Hijo.

Creo en Dios que es Espíritu santo, Espíritu de vida, que está dentro de mí y dentro de todos los vivientes dando vida, haciéndonos vivir.

“A Dios nadie lo ha visto jamás, dice el evangelista san Juan, es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien nos lo explicó”. Al Dios invisible nadie lo vió, pero Jesús, que es el rostro humano visible de Dios, nos lo interpretó, nos lo enseñó, nos lo mostró con los hechos y dichos de su vida; nos lo mostró con su vida, pasión y muerte; sobre todo, nos lo mostró con su resurrección. Al despedirse de sus discípulos en la Última Cena, les dijo: “Dentro de poco ya no me veréis, pero vendré de nuevo a vosotros como Espíritu y entonces me veréis y viviréis. Viviréis en mí y yo en vosotros, de la misma manera que yo vivo en la vida del Padre y el Padre vive en mí, porque el Padre y yo somos uno. El Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús Resucitado y vivo para siempre, les hizo comprender a los discípulos de Jesús este misterio del Dios único que se manifiesta y nos bendice de estas tres maneras, como Padre, Hijo y Espíritu.
Padre, es decir, Padre y Madre, fuente de la Vida.
Hijo, es decir, imagen, rostro o símbolo visible del Padre, Luz reflejo del Padre, Camino hacia la Verdad del Padre. “Yo soy el Camino hacia la verdadera Vida”, dijo Jesús.
Espíritu santo, es decir, Presencia y Fuerza de Vida, que mora en nuestro interior dándonos vida más allá de la muerte.
El Dios invisible y escondido nos parece inalcanzable, pero Jesucristo nos lo hace cercano y alcanzable. La fe cristiana reconoce que Dios se nos ha revelado, es decir, se nos ha dado a conocer en Jesucristo, enviado de Dios y presencia de Dios mismo en forma humana entre nosotros.
El apóstol san Pablo había comprendido muy bien que la gracia con que Dios nos bendice es como una corriente de agua viva que desciende desde el Padre por el Hijo hasta inundar nuestro interior con el Espíritu. Y también nuestra manera de creer en Dios y darle gracias es también una corriente de alabanza que el Espíritu hace brotar de nuestro interior para que reconozcamos a Jesús, el Camino, y con él alabemos al Padre. Por eso decía Pablo al comienzo de su carta a la Iglesia de Éfeso: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesús-el Cristo, que nos ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendición del Espíritu”
Evangelio significa Buena Noticia. La Buena Noticia es que Jesús nos ha explicado quién es el Dios invisible. Pero no es solo eso, es mucho más, porque la Buena Noticia es que Jesús mismo en persona es la presencia de Dios entre nosotros. Y esto nos lo enseña hoy a nosotros del mismo modo que se lo enseñó a los apóstoles, es decir, nos lo enseña comunicándonos su Espíritu. El Espíritu Santo dentro de nosotros nos dice quién es Jesús y nos hace decir junto con él, dirigiéndonos a Dios: Abba, Padre, en Tí confío. Creemos en el Dios Padre que se reveló en Jesús porque el Espíritu de Vida, el Espíritu de Jesús Resucitado nos hace creer.
Pero esto no se aprende solo con un catecismo o curso de introducción al cristianismo. Hace falta el silencio interior para escuchar la voz sin voz del Espíritu, de dos maneras: 1) en oración-meditación y 2) a través de los acontecimientos de la vida. Después, si en el curso de catecismo, se comparten experiencias de meditación y hechos de vida, se podrán empezar a entender algunos intentos de explicación como el que acabamos de hacer sobre expresiones de fe como estas, por ejemplo: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”; o “En el Espíritu, junto con Jesús, nos dirigimos al Padre”; o “Que os bendiga Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”; o “Bendito sea Dios, Espíritu, Hijo y Padre”, etc…