Pastoral latinoamericana

 

EVANGELIOS DOMINICALES PARA OCTUBRE

2 Octubre 2016 年間27主日  Lucas 17, 5-10
Auméntanos la fe  (スペイン語)
Aumenta-nos a fé (ポルトガル語)
私たちの信仰を強めてください (日本語)

9 Octubre  年間28主日 Lucas 17, 11-19
Tu fe te ha salvado
A tua fe te curou
あなたの信仰委はあなたを救った

16 Octubre  年間29主日 Lucas 18, 1-8

Orar siempre sin desanimarse
Orar sempre, sem jamais esmorecer
気を落とさずに、絶えず祈るように

23 Octubre 年間30主日 Lucas 18, 9-14
El que se enorgullece, será hunillado
O que se exalta sera humilhado

30 Octubre 年間31主日 Lucas 19, 1-10
Este Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido.
Este Homem veio procurar e salvar o que estava perdido.
この人は失われた者を救うために来た

COMUNICACIONES

5Atendemos consultas personales y acompañamiento de la vida de fe, de 14:00 a 16:00 los martes, miércoles y jueves.

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LA ALEGRÍA DEL AMOR

Guía para leer la exhortación del Papa Francisco sobre amor y familia

Francisco pide a la Iglesia que vaya al encuentro de la gente allí donde esté, tenga en cuenta las complejidades de su vida y respete la conciencia que discierne y toma decisiones morales. Esta exhortación reflexiona sobre la vida familiar para dar aliento a las familias. Dos preocupaciones centrales son: proponer el ideal cristiano de familia y acoger a las familias heridas que sufren por no responder a ese ideal.

El Papa expone la enseñanza de la Iglesia sobre matrimonio y familia, urgiendo a la Iglesia para que valore las situaciones en que vive la gente e insiste mucho en el papel de la conciencia personal y el discernimiento pastoral. a la hora de ayudar a tomar buenas decisiones. Ante todo,  ayudar a todas y cada una de las familias, sobre todo a las más vulnerables, a experimentar el amor de Dios y a sentirse acogidas en la Iglesia. Todo esto requiere “nuevos caminos pastorales” (Amoris laetitia, AL, n.199). Se resumen en los diez puntos siguientes:

  1. La Iglesia necesita entender a las personas en toda su complejidad. La Iglesia tiene que ir al encuentro de la gente, allí donde esté. Los pastores deberán “evitar los juicios que no tengan en cuenta la complejidad de las diversas situaciones” (296). “Las personas no pueden ser encasilladas en rígidos esquemas que no dejen espacio al discernimiento personal y pastoral” (298).. Hay que invitar a vivir el Evangelio, pero también acoger misericordiosamente a las personas reconociendo sus dificultades; no “creer que todo es blanco o negro” (305). No aplicar leyes morales “lanzando piedras sobre la vida de las personas” (305). Ante todo, cercanía, comprensión, compasión y acompañamiento.
  2. El papel de la conciencia es primordial en la toma de decisiones morales.“La conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia en aquellas situaciones que no encajan con nuestra comprensión del matrimonio” (303). No olvidemos la enseñanza tradicional sobre la conciencia, árbitro definitivo de la vida moral. La Iglesia está “llamada a formar conciencias, pero no a pretender sustituirlas” (37). La Iglesia ayuda a formar las conciencias, pero la conciencia tiene que ir más allá de juzgar lo que está o no de acuerdo con las normas, ha de reconocer con “una cierta seguridad moral” lo que Dios nos pide en la situación concreta (303). Los pastores ayudan no solo a conocer las normas, sino a practicar el “discernimiento”, es decir, a tomar decisiones responsables en conciencia en un clima de oración (304).
  3. Los católicos divorciados y vueltos a casar deben ser reincorporados de manera más completa en la Iglesia. Tengamos en cuenta su situación, valorando los atenuantes, aconsejándoles en el fuero interno (es decir, en conversación entre el sacerdote y la persona o la pareja), respetando siempre la decisión última sobre su grado de participación en la Iglesia, que debe dejarse a la conciencia (305, 300). Las parejas divorciadas y vueltas a casar han de sentirse en la Iglesia. “Ni están excomulgadas ni deben ser tratadas como tales, porque integran en todo momento la comunión eclesial” (243).
  4. Todos los miembros de la familia están invitados a vivir una vida plenamente cristiana. Gran parte de esta exhortación son reflexiones evangélicas sobre, amor y familia. Además, da consejos prácticos que el Papa viene repitiendo en sus homilías diarias. Un buen matrimonio es un “proceso dinámico” en el que ambos cónyuges han de tolerar las imperfecciones y fragilidades de la otra parte, y “no exigir que el amor sea de antemano perfecto para entonces apreciarlo” (122, 113). El Papa anima, no solo a las parejas casadas, sino también a las parejas prometidas, madres embarazadas, padres adoptivos, personas viudas, así como a tías, tíos y abuelos, atento a que nadie se sienta minusvalorado o excluído del amor de Dios.
  5. Dejemos de hablar de la gente que “vive en pecado”. El Papa dice tajantemente: “No se puede decir que todas las personas que viven en una situación que denominamos “irregular” estén viviendo en pecado mortal” (301). Otras personas en “situaciones irregulares” o familias no tradicionales, p.e., madres no casadas, necesitan comprensión, consuelo y aceptación” (49). Para cada una de estas personas, la Iglesia debe dejar de aplicar leyes morales “como si estuviésemos tirando piedras a la vida de esas personas” (305).
  6. Lo que puede servir en unos lugares, puede no funcionar en otros. “En cada país o región se pueden buscar soluciones más apropiadas en esa cultura inculturadas, más atentas a las tradiciones y a los desafíos locales” (3). Lo que tiene sentido pastoralmente en un país podría parecer fuera de lugar en otro. Por eso dice el Papa que el magisterium, es decir, la enseñanza oficial de la Iglesia, no puede dejar cada cuestión completamente fijada (3).
  7. Se reafirman las enseñanzas tradicionales sobre el matrimonio, pero la Iglesia no debe sobrecargar a la gente con exigencias poco realistas. El matrimonio es entre un hombre y una mujer, y es indisoluble; los matrimonios entre personas del mismo sexo no pueden equipararse sin más al matrimonio. La Iglesia sigue manteniendo su invitación a los matrimonios sacramentales. Por otra parte, la Iglesia ha impuesto a menudo a la gente un “ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto”, alejado de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales (36). A veces estos ideales han sido un “tremendo peso” (122). Por último, seminaristas y sacerdotes necesitan estar más preparados para entender la complejidad que conlleva la vida de casados. “A los ministros ordenados les suele faltar la formación adecuada para tratar los complejos problemas que deben afrontar actualmente las familias” (202).
  8. Los hijos deben recibir educación sobre sexo y sexualidad. En una cultura que a menudo banaliza o empobrece la sexualidad, los hijos necesitan entender el sexo “en el marco más amplio de una educación para el amor y entrega mutua” (280). Por desgracia, el cuerpo se ve con frecuencia como “un simple objeto para ser usado” (153). El sexo debe entenderse como abierto a la vida.
  9. Hay que respetar la dignidad de las personas de condición homosexual, sin discriminarlas. Aunque el matrimonio entre personas del mismo sexo no esté admitido, dice el Papa que quiere dejar claro “ante todo” que las personas homosexuales tienen que ser “respetadas en su dignidad y tratadas con consideración y que hay que evitar cuidadosamente cualquier signo de discriminación, especialmente cualquier forma de agresión o violencia”. Las familias con miembros LGBT necesitan un “respetuoso acompañamiento pastoral” por parte de la Iglesia y de sus pastores, de modo que gays y lesbianas puedan realizar plenamente la voluntad de Dios en sus vidas (250).
  10. Toda persona bienvenida, nadie excluido. La Iglesia puede ayudar a familias de toda condición, a personas de cualquier tipo de vida, sabiendo que, incluso a pesar de sus imperfecciones, son queridos por Dios y pueden ayudar a otros a experimentar ese amor. “Amoris Laetitia” nos muestra el rostro de una Iglesia pastoral y misericordiosa que anima a la gente a experimentar la “alegría del amor”. La familia es una parte absolutamente imprescindible de la Iglesia, porque, a fin de cuentas, la Iglesia no es más que una “familia de familias” (87).

 

 

NUESTRO BLOG

La nulidad: cuestión jurídica. La comunión: cuestión de conciencia

Una persona catolica, divorciada y vuelta a casar, vino al consultorio pastoral para hacer dos preguntas. Primero, preguntó si podía solicitar la declaración de nulidad de su matrimonio anterior. Segundo, preguntó si en su actual situación podía recibir la comunión. Esta persona había oido decir que la exhortación La alegría del amor, publicada por el Papa después del último Sínodo de Obispos, ayudaba a resolver estos problemas.
Ante todo, hay que decir que estas dos preguntas deben separarse. La pregunta sobre la nulidad del matrimonio es una cuestión de derecho canónico, que se resuelve con unos trámites por vía judicia. La pregunta sobre la participación en los sacramentos es una cuestión de conciencia que se resuelve por la vía del discernimiento pastoral.

En la exhortación La alegría del amor (capítulo 8, n. 300) ha aclarado el papa Francisco la diferfencia entre las cuestiones canónicas, que se tratan por vía jurídica según normativas de derecho canónico, y las cuestiones de conciencia, que se tratan por vía de discernimiento, ante Dios en oración y con la ayuda del acompañamiento pastoral.

El Sínodo de 2014 propuso al Papa que se reformasen “los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad” (Relatio Sinodi, 2014, n.48). El Papa respondio creando la comisión para estudiarlo y publicó (sin esperar al Sínodo siguiente) el Motu proprio Mitis Dominus Iesus, con el que descentraliza el tratamiento canónico de estos casos y reforma la normativa correspondiente.
En el Sínodo del 2015 los obispos propusieron (Relatio final, 2015n.84) que “las personas bautizadas divorciadas y vueltas a casar civilmente sean integradas en las comunidades cristianas de diversas maneras posibles evitando dar lugar a escándalo”. Francisco recoge la propuesta y la hace suya, pero esta vez la respuesta a una pregunta sobre pastoral de sacramentos no remite a la vía jurídica, sino a la via espiritual y moral del discernimiento.
Al hacerlo así, Francisco va mucho más lejos que el Sínodo, porque da los pasos siguientes: 1) separa la cuestion de conciencia de las cuestiones canónicas al recomendar la vía del discernimiento y acompañamiento pastoral en el foro interno 2) da el criterio central de ese discernimiento: la lógica de la misericordia, la acogida e integración y el acompañamiento eclesial del camino de discernimiento, 3) deja en manos de las iglesias local las orientaciones concretas sobre el modo de acompañar a las personas interesadas en el camino del discernimiento, y 4) No opta por imponer autoritariamente una sola de las varias alternativas sugeridas por el Sínodo. .
“Se trata, dice el Papa, de un itinerario de acompañamiento y de discernimiento que orienta a esas personas creyentes a la toma de conciencia de su situación ante Dios. La conversación con el sacerdote en el foro interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia”

Algunos habrían preferido que el Papa eligiese, entre las varias maneras de integrar estos casos mencionadas por los obispos, una determinada manera y que la impusiese como normativa canónica. Pero eso habría sido caer en el gran fallo que tenía bloqueda esta cuestión: tratar los sacram,entos como cuestión de normativa en vez de como cuestión de conciencia. Además, eso habría ido en contra de la importante y necesaria descentralización que Francisco quiere pronmover. Este párrafo en que opta por el discernimiento acompañado y la solución de fuero interno, deja abierta la posibilidad de que según los casos, lugares, tiempos, personas y circunstancias resulten diferentes respuestas, aun en casos semejantes.

Esto no es totalmente nuevo. Así se ha enseñado en muchas clases de teología moral renovada después del Vaticano II. Y así se ha practicado en el ministerio pastoral con matrimonios, o en el consultorio o en el confesonario, por parte de sacerdotes que comprendían que esto es algo de sentido común y de sentido evangélico... Lo nuevo ahora es que la voz del mismo Papa Francisco nos anima a hacerlo así. Por eso dice: “No debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Solo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares...”