Pastoral latinoamericana

IGLESIA EN EL MUNDO

"Un mundo sin armas nucleares"  Esto pide el Papa Francisco a la Conferencia de la ONU que desde el 28 de marzo se encuentra reunida para negociar un instrumento vinculante que conduzca a la total eliminación del armamento nuclear.

En un mensaje enviado a Naciones Unidas, y leído por el Subsecretario para las Relaciones con los Estados, Antoine Camilleri, el Papa anima a los mandatarios internacionales a "trabajar con determinación para promover las condiciones necesarias para un mundo sin armas nucleares"

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Reivindicando el papel fundacional de la ONU, Francisco recuerda que "una ética y un derecho basados sobre la amenaza de la destrucción recíproca y potencialmente de toda la humanidad - contradicen el espíritu mismo de las Naciones Unidas", por lo que es preciso "comprometernos por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación, en la letra y en el espíritu".

Considerando las principales amenazas contra la paz y la seguridad con sus múltiples dimensiones, en este mundo multipolar del siglo XXI, como por ejemplo el terrorismo, los conflictos asimétricos, la seguridad informática, los problemas ambientales, la pobreza, el Papa señala que "emergen no pocas dudas sobre la insuficiencia de la disuasión nuclear para responder eficazmente a dichos desafíos". Una preocupación que se constata en "las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que se producen con el empleo de cualquier tipo de arma nuclear, con devastadores efectos indiscriminados e incontrolables en el tiempo y en el espacio", por no hablar del "despilfarro de recursos" que se conceden a las armas nucleares y objetivos militares.

Unos recursos que, en cambio, "se podrían utilizar para prioridades más significativas, como la promoción de la paz y del desarrollo humano integral, así como la lucha contra la pobreza y la actuación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible".

Por ello, el Papa invita a la comunidad internacional a adoptar estrategias de largo alcance para promover la paz para toda la humanidad. Y es que "la paz y la estabilidad internacional no se pueden fundar sobre un falso sentido de seguridad, sobre la amenaza de un destrucción recíproca".

"La paz se debe construir sobre la justicia, el desarrollo humano integral, el respeto de los derechos humanos fundamentales, la custodia de la creación, la participación de todos en la vida pública, la confianza entre los pueblos, la promoción de instituciones pacíficas, el acceso a la educación y a la salud, el diálogo y la solidaridad", prosigue el mensaje papal.

"El objetivo final de la eliminación total de las armas nucleares se vuelve un desafío y también un imperativo moral y humanitario", reitera, subrayando que "en este esfuerzo debemos evitar aquellas formas de recriminación recíproca y de polarización que impiden el diálogo, en lugar de alentarlo".

El Mensaje del Papa concluye deseando que los trabajos de la Conferencia de la ONU, para negociar un instrumento legalmente vinculante que prohíba las armas nucleares y que conduzca a su total eliminación, "puedan ser proficuos y puedan dar una contribución eficaz para avanzar en aquella ética de la paz y de la seguridad cooperativa multilateral, que tanto necesita hoy la humanidad".

COMUNICACIONES

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LA ALEGRÍA DEL AMOR

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LA ALEGRÍA DEL AMOR 『愛の悦び』

Guía para leer la exhortación del Papa Francisco sobre amor y familia

教皇フランシスコ著『愛の喜び』を読むための案内

Francisco pide a la Iglesia que vaya al encuentro de la gente allí donde esté, tenga en cuenta las complejidades de su vida y respete la conciencia que discierne y toma decisiones morales. Esta exhortación reflexiona sobre la vida familiar para dar aliento a las familias. Dos preocupaciones centrales son: proponer el ideal cristiano de familia y acoger a las familias heridas que sufren por no responder a ese ideal.
El Papa expone la enseñanza de la Iglesia sobre matrimonio y familia, urgiendo a la Iglesia para que valore las situaciones en que vive la gente e insiste mucho en el papel de la conciencia personal y el discernimiento pastoral. a la hora de ayudar a tomar buenas decisiones. Ante todo,  ayudar a todas y cada una de las familias, sobre todo a las más vulnerables, a experimentar el amor de Dios y a sentirse acogidas en la Iglesia. Todo esto requiere “nuevos caminos pastorales” (Amoris laetitia, AL, n.199). Se resumen en los diez puntos siguientes:

  1. La Iglesia necesita entender a las personas en toda su complejidad. La Iglesia tiene que ir al encuentro de la gente, allí donde esté. Los pastores deberán “evitar los juicios que no tengan en cuenta la complejidad de las diversas situaciones” (296). “Las personas no pueden ser encasilladas en rígidos esquemas que no dejen espacio al discernimiento personal y pastoral” (298).. Hay que invitar a vivir el Evangelio, pero también acoger misericordiosamente a las personas reconociendo sus dificultades; no “creer que todo es blanco o negro” (305). No aplicar leyes morales “lanzando piedras sobre la vida de las personas” (305). Ante todo, cercanía, comprensión, compasión y acompañamiento.

  2. El papel de la conciencia es primordial en la toma de decisiones morales.“La conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia en aquellas situaciones que no encajan con nuestra comprensión del matrimonio” (303). No olvidemos la enseñanza tradicional sobre la conciencia, árbitro definitivo de la vida moral. La Iglesia está “llamada a formar conciencias, pero no a pretender sustituirlas” (37). La Iglesia ayuda a formar las conciencias, pero la conciencia tiene que ir más allá de juzgar lo que está o no de acuerdo con las normas, ha de reconocer con “una cierta seguridad moral” lo que Dios nos pide en la situación concreta (303). Los pastores ayudan no solo a conocer las normas, sino a practicar el “discernimiento”, es decir, a tomar decisiones responsables en conciencia en un clima de oración (304).

  3. Los católicos divorciados y vueltos a casar deben ser reincorporados de manera más completa en la Iglesia. Tengamos en cuenta su situación, valorando los atenuantes, aconsejándoles en el fuero interno (es decir, en conversación entre el sacerdote y la persona o la pareja), respetando siempre la decisión última sobre su grado de participación en la Iglesia, que debe dejarse a la conciencia (305, 300). Las parejas divorciadas y vueltas a casar han de sentirse en la Iglesia. “Ni están excomulgadas ni deben ser tratadas como tales, porque integran en todo momento la comunión eclesial” (243).

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LITURGIA

V Domingo de Cuaresma (A)
2014-04-02

Hermanos y hermanas, Jesús —motivo de la celebración eucarística es la resurrección y la vida de todos los que se dejan conducir por la palabra de Dios. De ella nos viene la fuerza y la esperanza para continuar nuestro camino rumbo a la Pascua, superando toda tristeza y muerte (Nos ponemos de pie)
Rito de Entrada
-1- Antífona (Sal 42/43, 1-2): 1 Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa contra la gente sin piedad; líbrame del hombre falso y perverso. 2 Si tú eres mi Dios y mi fortaleza, ¿por qué me rechazas? ¿Por qué tendré que estar triste, oprimido por mi enemigo?
Saludo
Acto Penitencial
-2- PRESIDENTE: En el día que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, también nosotros somos invitados a morir al pecado y resurgir a una vida nueva. Reconozcamos la necesidad de la misericordia de nuestro Padre celestial (pausa). Confesemos nuestros pecados.
ASAMBLEA:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
PR: Señor, ten piedad.
AS: Señor ten piedad
PR: Cristo, ten piedad.
AS: Cristo ten piedad
PR: Señor ten piedad.
AS: Señor ten piedad
PR: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
AS: Amén.
(En Cuaresma, no se reza el Gloria)
Oración
-3- PR: Oremos: (pausa) Señor Dios nuestro, te rogamos que tu gracia nos ayude a imitar animosamente la caridad de tu Hijo, que por amor al mundo se entregó a la muerte. Por NSJC
AS: Amén.
(Nos sentamos para escuchar la Palabra)
LITURGIA DE LA PALABRA
El profeta anuncia al pueblo que Dios desea comunicarle vida a quien esté bajo el yugo de la muerte. Al resucitar a Lázaro, Jesús, concretiza el sueño del profeta y se nos presenta como “ vida y resurrección”
1ª Lectura Ez. 37,12-14
-4- Lectura del primer libro del profeta Ezequiel: 12 Por eso, profetiza diciéndoles: Así habla el Señor: Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. 13 Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor. 14 Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré –oráculo del Señor–.
Palabra de Dios.
AS: Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
129/130, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8 (R. 7).
-5- RAS: Todo es gracia y redención en el Señor
- 1 Desde lo más profundo te invoco, Señor, 2 ¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria.
AS: Todo es gracia y redención en el Señor
- 3 Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? 4 Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido.
AS: Todo es gracia y redención en el Señor
- 5 Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. 6 Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora. Como el centinela espera la aurora,
AS: Todo es gracia y redención en el Señor
- 7 espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: 8 él redimirá a Israel de todos sus pecados.
AS: Todo es gracia y redención en el Señor
2ª Lectura Rom. 8, 8-11
-6- Lectura de la carta de san Pablo a los romanos: 8, 8 Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. 9 Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. 10 Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Palabra de Dios.
AS: Te alabamos, Señor.

Evangelio Jn. 11, 11, 1-45 (o versión breve)
Aclamación del Evangelio
(Todos de pie)
-7- (Jn 11, 25a-26) «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás». ―dice el Señor.
-8- PR: El Señor esté con ustedes.
AS: Y con tu espíritu
PR: Proclamación del santo evangelio de NSJC según san Juan
AS: Gloria a ti Señor
PR: 11, 1 Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo». 4 Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». 5 Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. 7 Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea».
8 Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?». 9 Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce la horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él». 11 Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo». 12 Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará». 13 Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. 14 Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo». 16 Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él».
17 Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro Días.
18 Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. 19 Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
20 Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. 21 Marta dio a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas». 23 Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». 24 Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». 25 Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». 27 Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».
28 Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama». 29 Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. 30 Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. 31 Los Judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
33 Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, 34 preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás». 35 Y Jesús lloró. 36 Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!». 37 Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?». 38 Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, 39 y le dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto». 40 Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». 41 Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. 42 Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». 43 Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!». 44 El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar». 45 Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Palabra del Señor.
AS: Gloria a ti, Señor.
(Nos sentamos para escuchar)
Homilía
(Al terminar, de pie proclamamos nuestra fe.)
Credo
-9- PR: Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
1. -Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor
2. -que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo;
1. -nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
2. -fue crucificado, muerto y sepultado,
1. -descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos,
2. -subió a los cielos; y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso.
1. -Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
2. -Creo en el Espíritu Santo,
1. -en la Santa Iglesia católica,
2. -la comunión de los santos,
1. -el perdón de los pecados,
2. -la resurrección de los muertos
1. -y la vida eterna.
R. Amén.
Oración de la Asamblea
-10- PR: Dios nos creó para la vida, no para la muerte. De él venimos, en él vivimos y viviremos para siempre. Dirijámosle a él con confianza nuestras preces y acción de gracias.
AS: Gracias, Señor.
1. Por las campañas en favor de la vida
AS: Gracias, Señor.
2. Por los profesionales de la salud
AS: Gracias, Señor.
3. Por las instituciones dedicadas a la recuperación de la salud.
AS: Gracias, Señor.
4. Por los que van a recibir el bautismo en la vigilia pascual
AS: Gracias, Señor.
5. Por los ministros ordenados y legos de la Iglesia.
AS: Gracias, Señor.
6. Pueden añadirse libremente oras peticiones
AS: Gracias, Señor.
PR: Dios, Padre y Madre universal, que inspiras desde siempre en los seres humanos el deseo de felicidad plena e incluso «eterna», que triunfe incluso sobre la muerte. Te expresamos humildemente nuestro deseo de ser coherentes con esta fuerza interior que habita en nosotros, para buscar su realización con los medios más honestos y por el camino más beneficioso para nosotros y quienes nos rodean. En unión con todos los hombres y mujeres de todas las religiones, nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. AS: Amén.
(Tomar asiento)
Liturgia de la Eucaristía
Presentación de dones
-11- canción)
Oración sobre las ofrendas
(Todos de pie)
PR: Bendito seas, Señor del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
AS: Bendito seas por siempre, Señor.
PR: Bendito seas, Señor del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de vida.
AS: Bendito seas por siempre, Señor.
-12- PR: Oremos hermanos para que este sacrificio mío y de ustedes sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
AS: El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.
-13- PR: Escúchanos, Dios todopoderoso, y por la eficacia de este sacrificio purifica a quienes has instruido con la doctrina de la fe. Por JCNS.
R. Amén.
PLEGARIA EUCARISTICA II

PR: Santo eres en verdad, Señor fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y + Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
AS: ¡Santifica, Señor, nuestra ofrenda!
PR: El cual, la víspera de su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Tomen y coman todos de él,
porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado
por ustedes.

Del mismo, acabada la cena, tomó el cáliz, y dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo:

Tomen y beban todos de él,
porque éste es
el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza
nueva y eterna,
que será derramada
por ustedes y por todos
para el perdón de los pecados.
Hagan esto
en conmemoración mía.

PR: Éste es el Sacramento de nuestra fe.
AS: Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven Señor Jesús!

PR: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.
AS: ¡Recibe, Señor, nuestra ofrenda!
PR: Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
AS: ¡Haz de nosotros un solo cuerpo y un solo espíritu!
PR: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa Francisco, con nuestro Obispo Rafael, y con todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.
AS: ¡Acuérdate, Padre, de tu Iglesia! (pausa)
PR: Acuérdate también de nuestros hermanos que murieron en la esperanza de la resurrección y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
AS: ¡Acuérdate, Padre, de tus hijos! (pausa).
PR: Ten misericordia de todos nosotros, y así, con la Virgen María, Madre de Dios, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
AS: ¡Concédenos el convite de los elegidos!
PR: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
AS: Amén.

Rito de la Comunión
PR: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

AS: Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación,
Y líbranos del mal.
-15- PR: Líbranos, Señor de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
AS: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.
Rito de la Paz
PR: Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. No mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
AS: Amén.
PR: La paz del Señor esté siempre con ustedes.
AS: Y con tu espíritu.
PR: Hermanos y hermanas, saludémonos con una señal de reconciliación y paz.
(Canción)
Fracción del Pan
-16- PR: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
AS: Ten piedad de nosotros.
PR: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
AS: Ten piedad de nosotros.
PR: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. AS: Danos la paz
Comunión
PR: Felices los invitados a la mesa del Señor. Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
AS: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
(Las personas que están preparadas para comulgar, hacer una fila en el centro)
-17-Antífona: (Jn 11, 26 o canción apropiada) El que está vivo y cree en mí no morirá para siempre ―dice el Señor
Oración después de la Comunión
(Nos ponemos de pie)
-18- PR: Oremos (pausa) Señor, Dios todopoderoso, te pedimos que nos cuentes siempre entre los miembros de Cristo cuyo Cuerpo y Sangre hemos recibido. Por CNS. AS: Amén.
Ritos Finales, Avisos
Bendición
Envío
-19- (Canción de partida)

Muchos pueblos de la tierra, en el pasado y en el presente, se han visto forzados a abandonar su tierra, a marchar al exilio.

Sus habitantes forman las legiones de desplazados y refugiados que, hoy por hoy, las Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), se esfuerzan por atender.

Para un desplazado no hay peor desgracia que morir en el destierro, lejos del suelo patrio, del paisaje familiar, de la tierra nutricia.

El profeta Ezequiel, en la primera lectura, enfrenta esta situación frente a su pueblo de Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los patriarcas, la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara Josué. Al dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños.

Pero la voz del profeta se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo, abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Conocerá su pueblo que Dios es el Señor cuando El derrame en abundancia su Espíritu sobre los sobrevivientes.

En el Antiguo Testamento no aparece claramente una expectativa de vida eterna, de vida más allá de la muerte. Los israelitas esperaban las bendiciones divinas para este tiempo de la vida terrena: larga vida, numerosa descendencia, habitar en la tierra que Dios donó a su pueblo, riquezas suficientes para vivir holgadamente. Más allá de la muerte sólo quedaba acostarse y dormir con los padres, con los antepasados; las almas de los muertos habitaban en el “sheol”, el abismo subterráneo en donde ni si gozaba, ni se sufría.

Sólo en los últimos libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en Daniel, en Sabiduría y en Macabeos, encontramos textos que hablan más o menos confusamente de una esperanza de vida más allá de la muerte, de una posibilidad de volver a vivir por voluntad de Dios, de resucitar. Esta esperanza tímida surge en el contexto de la pregunta por la retribución y el ejercicio de la justicia divina: ¿Cuándo premiará Dios al justo, al mártir de la fe, por ejemplo, o castigará al impío perseguidor de su pueblo, si la muerte se los ha llevado? ¿Cuándo realizará Dios plenamente las promesas a favor de su pueblo elegido?

Algunas corrientes del judaísmo contemporáneo de Jesús, como el fariseísmo, creían firmemente en la resurrección de los muertos como un acontecimiento escatológico, de los últimos tiempos, un acontecimiento que haría brillar la insobornable justicia de Dios sobre justos y pecadores. Los saduceos por el contrario, se atenían a la doctrina tradicional, les bastaba esta vida de privilegios para los de su casta, y consideraban cumplida la justicia divina en el “status quo” que ellos defendían: el mundo estaba bien como estaba, en manos de los dominadores romanos que respetaban su poder religioso y sacerdotal sobre el pueblo.

La segunda lectura está tomada de la carta de Pablo a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que se prestan fácilmente a confusión.

El fragmento de hoy está escogido para hacer referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del exilio, no estamos ya en la “carne” es decir -en el lenguaje de Pablo-: no estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada. Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.

El pasaje evangélico que leemos hoy, la «reviviscencia» de Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el armazón del cuarto evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre.... Bonita la escena, bien construido el relato, tremendas y lapidarias las palabras de Jesús, rico en simbolismo el conjunto... pero difícil el texto para nosotros hoy, cuando nos movemos en una mentalidad tan alejada de la de Juan y su comunidad.

A nosotros no nos llaman tanto la atención los milagros de Jesús como sus actitudes y su praxis ordinaria. Preferimos mirarlo en su lado imitable más que en su aspecto simplemente admirable que no podemos imitar. No somos tampoco muy dados a creer fácilmente en la posibilidad de los milagros. Para la mentalidad adulta y crítica de una persona de hoy, una persona de la calle, este texto no es fácil.

En la muy sofisticada elaboración del evangelio de Juan, éste es el «signo» culminante de Jesús, no sólo por ser mucho más llamativo que los otros (nada menos que una reviviscencia) sino porque está presentado como el que derrama la gota de la paciencia de los enemigos de Jesús, que por este milagro deciden matar a Jesús. Quizá por eso ha sido elegido para este último domingo antes de la semana santa. Estamos acercándonos al climas del drama de la vida de Jesús, y este hecho de su vida es presentado por Juan como el que provoca el desenlace final.

La causa de la muerte de Jesús fue mucho más que la decisión de unos enemigos temerosos del crecimiento de la popularidad de un Jesús taumaturgo, como aquí lo presenta Juan.

Este puede ser un filón de la reflexión de hoy: «Por qué muere Jesús y por qué lo matan».
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